Esté usted tranquilo

Espanto
Espanto

Extrañas voces agitan el fondo de la tierra en ese no menos singular paraje llamado Valle de los Caídos. «¡De aquí no me saca ni dios!» y «¡Ni dios me sacó de España durante un cuarenta años, no me van a sacar ustedes!» son algunos de los alaridos registrados en las psicofonías grabadas por los monjes del convento. Todo, parece ser, por la recomendación de la comisión de expertos designada por el Gobierno para el Valle de los Caídos, que propone propone en su informe que los restos de Francisco Franco salgan de la Basílica para que sean enterrados donde decida la familia del dictador. Los despojos pueden estar tranquilos y dejar de chillar, porque la comisión supedita esta decisión a que el (próximo) Gobierno alcance un consenso parlamentario amplio, así como la autorización de la Iglesia al ser la autoridad competente en un lugar de culto. Y está claro que en la nueva Era Pop ni al PP, ni a la jerarquía eclesial este asunto les va a obligar lo más mínimo, así que siga usted durmiendo el sueño de los (in)justos.

Polvorones

Polvorones
Polvorones

La tradición y la costumbre no escritas en la piel de toro establecen que un polvorón, antes de llevárselo a la boca, debe ser estrujado, amasado y aplastado a conveniencia, con el envoltorio de papelillo puesto, para que luego no se desparrame y se desmigaje cuando se le quita el papel y la ingesta sea más cómoda. En esto la sociedad española, tan dada a tener cincuenta opiniones por cabeza y por minuto, cambiantes y contradictorias las unas con las otras, no admite discrepancias. El buen polvorón hay que trabajárselo previamente para que la experiencia sea completa. Nadie sabe dónde está Mr. Depende, que sigue sin emitir señales una semana después de su resonante victoria, pero posiblemente esté recibiendo instrucciones de allende los Pirineos, de Germania o más allá, para ir preparando la masa polvoronosa poco edulcorada, amarga más bien, que los españoles y las españolas vamos a empezar a engullir en breve y sin compasión. Va a ser una receta que pasará a los anales gastronómicos. Y sin masaje previo, que no hay que malgastar esfuerzos.

Where’s Mr. Depende?

Rajoy
Rajoy

Desde que ganó las elecciones, Mr. Depende está desaparecido. La prensa internacional, los mercados, la prima de riesgo, los españoles y españolas se preguntan cuáles son sus ideas, sus planes, sus propuestas. Sus vecinos de bloque también demandan saber si seguirá viviendo en la lujosa Aravaca o si se mudará a La Moncloa. Pero Mr. Depende, motejado así porque la solidez de sus argumentos varía según la cambiante situación, no suelta prenda. El lunes reunió a la dirección de su partido, pero, como de costumbre, no dio la rueda de prensa posterior, para sorpresa de los numerosos corresponsales extranjeros desplazados a la sede conservadora de Génova, no fuera a ser que tuviera que contestar a preguntas incómodas. Porque a Mr. Depende no le gusta someterse al escrutinio de los medios. Y así resultó que compareció su lugarteniente De Cospedal, que parecía dirigirse a los periodistas en tercera persona, como la exégeta sacerdotisa que interpreta la voluntad del nuevo dios: «El presidente Rajoy quiere… El presidente Rajoy dice…». El domingo por la noche, el servicio de prensa del PP tituló la declaración que Rajoy leyó en la victoriosa noche electoral que abre la nueva Era Pop con un pomposo «Mensaje a la Nación». En suma, que el nuevo Ejecutivo popular promete combinar grandes dosis de humor, y de drama, claro. Tragicomedia, vaya.