La risa vence al miedo

Senses / by Norma Desmond
Senses / by Norma Desmond

La alcaldesa de aquel pequeño pueblo del interior de La Mancha regentó años ha una farmacia. El mundo aquel de drogas legales e ilegales lo dejó tiempo atrás, cuando decidió dar el salto a la política, animada por la numerosa clientela que siempre vio en ella dotes para el liderazgo del común de los mortales. Así que colgó la bata blanca en una alcayata de la parte de atrás de la farmacia, se presentó a las elecciones y sin fórmulas magistrales se alzó con el bastón de mando del pueblo. El negocio se lo traspasó al mancebo y su novia, licenciada en Farmacia, que desde entonces lo han llevado. Ella apenas volvió a entrar, salvo para comprar las pastillas contra la alergia al polen cuando llega la primavera. Pero hace unas semanas, se sobresaltó. Ocurrió que recibió una llamada de su exfarmacia, informándole de la cantidad de tranquilizantes y ansiolítocos que se están despachando para calmar los nervios de la población. No dan abasto, le contaron. La alcaldesa pidió informes, se preocupó, atendió a las estadísticas y se entrevistó con las asociaciones que le hablaban de la desesperación de su pueblo. Hace unos días juntó a los vecinos en la plaza Mayor. Se asomó al balcón y por la megafonía se dirigió a sus paisanos y paisanas, a quienes conoce casi que por el nombre de pila. Los ve abatidos, asustados. “¿Quién de vosotros tiene miedo, sufre, padece, siente que la tierra se le abre cada día bajo los pies en esta maldita crisis?”, les pregunta. Un mar de manos se alza ante ella. “¿Y qué podemos hacer?”, agrega. No hay respuesta. De repente, en la esquina de la plaza un grupo de niños de seis o siete años se echa a reír, a carcajadas locas, como ríen los locos bajitos cuando son felices, a mandíbula batiente. Y una carcajada espontánea agita toda la plaza y devuelve, por un instante, la ilusión de que todo irá a mejor, de que la risa puede vencer al miedo.

Pedaleando

Patines
Patines

«Mi madre me dijo que nunca dejara de pedalear. Que pedaleara fuerte, fuerte, cuando comienza la subida de la loma de la salida del pueblo, en la carretera que lleva a la vega, y que me dejara llevar por la bici cuando comenzara el descenso. Me dijo que no me acalorara cuando apretase el sol, que me cubriera la cabeza y que llevara siempre mi cantimplora. Mi madre se fue, y nunca supo si yo llegué a manejarme en la bici. Porque ocurre que siempre que aprendía a guardar el equilibrio y a conducirme con propiedad, a finales de verano, enseguida llegaba el frío y se acortaban los días. Dejaba de salir por el pueblo con la bici, y se me olvidaba cómo pedalear durante los meses oscuros. Así que cada verano, cuando volvía el color y la calor, tenía que repetir el rito de encaramarme en el cacharro, aprender a guardar el equilbrio y tirar para adelante esquivando los obstáculos que la vida te pone por delante. Han sido tantos años así que nunca he aprendido a montar bien del todo. Este año que el verano se está prolongando tanto y que todavía sigo usando la bici, este año que me está dando cuartelillo, igual lo consigo y logro aprender sin que se me olvide luego. Claro que mis amigos dicen que la bici ya no se lleva; que ahora lo molón son los patines. Hay que joderse. Así es la vida.»

Alcaldes y alcaldesas

Alcalde
Alcalde

He conocido a muchos alcaldes, de otros tantos partidos políticos. Regidores de grandes ciudades, de villas medianas y de pueblecitos. Me quedo con estos últimos, los alcaldes de pueblecitos que están no alejados de la gente en despachos enmoquetados, sino a pie de calle, compartiendo problemas con sus paisanos, escuchando sus quejas y recibiendo también sus halagos cuando se ha asfaltado una calle, se ha reparado un alumbrado o se ha conseguido que el pueblo tenga por fin biblioteca. La luz del despacho de estos alcaldes y estas alcaldesas no se apaga nunca. En España hay más de ocho mil alcaldes; ese es el número de cargos que ahora está en liza desde el arranque de la campaña electoral. Y los corruptos son minoría, por más que solo se ponga el foco sobre los malos y que en la lógica de los medios de comunicación solo sea noticia en grandes titulares cuando alguno mete la mano en la caja. Solo es noticia el escándalo, y no cuando consiguen que los niños del pueblo tengan piscina o que la nueva depuradora permita que se deje de verter porquerías al río. La consecuencia de esto último es que mucha gente coge la parte por el todo y piensa que, al final, son todos unos corruptos. Y eso, sencillamente, no es justo.