Puerta del Sol

Puerta del Sol
Puerta del Sol

Cuando uno sale del metro a esa hora en la que la ciudad lleva ya un rato desperezándose, aunque con sueño todavía y duermevela de fondo, el sol penetra bien directo desde el este. Ahora se entiende que la Puerta del Sol se llame así, del sol, por el lugar donde debió de haber una puerta que apuntaba en la dirección del astro naciente de cada mañana. Una puerta medieval en la cerca de la que era villa antes de ser corte, en unos tiempos en los que, más allá, solo habría, posiblemente, algún arrabal de míseras casuchas y campo, mucho e ignoto campo alrededor. Ahora sigue penetrando con fiereza ese sol cada mañana. Es lo único que no ha debido de cambiar bajo sus rayos. Luz que pugna por abrirse paso entre el caserío desperdigado y variopinto que es este Madrid. Luz ardiente que se encarrila entre el surco de los edificios. Sol que calienta y deslumbra a los turistas que, tan temprano, ya pululan por esta parte de la ciudad. Y sol que acompaña, también, a los suministradores de mercancías varias de los establecimientos que jalonan la carrera de San Jerónimo. Así es el despertar en esta parte de mi ciudad.

Adoquines y adoquinazos

Sol
Sol

Las calles y las plazas, comenzando por la Puerta del Sol, se llenaron ayer de utopía y de gente que busca la playa debajo del asfalto de los adoquines. La derecha y su furioso coro mediático sueltan toda clase de fuegos contra el 15-M. Desautorizan al movimiento y lo abrasan ante la opinión pública con esa mala baba que caracteriza a la ultraderecha española agazapada, también, bajo los adoquines. Por supuesto que se puede discrepar con el 15-M, aun reconociendo la sensatez de muchas de sus propuestas, pero eso es una cosa y otra bien distinta son las malas artes que estos días han venido empleando los corifeos ultras que no paran de graznar. No hay que estar en todo de acuerdo con el 15-M, pero sí reconocer que han dotado de vigor a la vida pública como pocas veces antes había ocurrido en España. La grandeza de la democracia está en reconocer que podemos pensar distinto y aportar entre todos granitos de arena, que no feos adoquinazos, para intentar salir de esta crisis horrenda que están pagando quienes no la han causado y para construir una sociedad mejor y más soleada.