Real realidad

Catalina de Aragón
Catalina de Aragón

Los reyes, reinas, príncipes y princesas se casaban antes por intereses: el mantenimiento de un imperio, la consolidación de una alianza militar, el reforzamiento de una dinastía. Hubo otra princesa Catalina, Catalina de Aragón, casada con el célebre Enrique VIII, reina de Inglaterra, que ilustra bien esa era de confabulaciones y conjuras de unos reinos frente a otros. Siglos más tarde, en estos tiempos globales que vivimos, las bodas reales se han convertido en un gran espectáculo que tiene audiencias incalculables, con el apoyo entusiasta de unos medios de comunicación que envuelven en toneladas de almíbar y oropel enlaces que ya no son de sangre azul, sino de jóvenes enamorados, que se siguen casando por interés: el interés en que las familias reales no se extingan, a costa de que la sangre azul se vaya decolorando y tiñendo de los tonos de la gente de la calle (de lo cual surge una pregunta: si la sangre azul ya no es un requisito para tan altas magistraturas, ¿no sería preferible que las jefaturas de los estados las puedan ejercer personas elegidas en las urnas?). Los enlaces reales enloquecen al mundo digital, con las redes sociales echando humo con los chascarrillos de la basca, aunque en realidad, la realidad real de muchas de las gentes que vieron ayer el chou por la tele o por Internet siga siendo bien distinta: el euríbor que aumenta, el paro que sube, el miedo al futuro, los efectos de la crisis que nos siguen golpeando.

En ruta 2.0

Fraga y Rivas, en Cabo Norte
Fraga y Coru

Una verdadera aventura está teniendo lugar en este año jacobeo: la que protagonizan dos jóvenes gallegos, el fotógrafo Andrés Fraga y el montañero Juan Rivas, Coru, que ya comenzaron a hollar -después de los trastornos que les causó la nube volcánica islandesa para llegar a su punto de origen- la distancia que media entre Cabo Norte (Noruega) y Santiago de Compostela, seis millones de pasos, seis mil kilómetros y un recorrido a través de once países europeos. Ambos están empalmando caminos que posiblemente otros anduvieron antes, aunque no con esta magnitud, y de una manera distinta y vanguardista: día a día, nos dejan a sus seguidores el testimonio de su aventura en las redes sociales 2.0, en Facebook, en Flickr, en YouTube, en su blog y en su página web, 6MPasos. Son pioneros en esta descripción del mundo que están realizando, para asombro y envidia (sana) de tod@s los que estamos siguiendo su hazaña tan lejos físicamente, pero tan cerca de ellos y de su proeza gracias a la magia de los modernos medios de autocomunicación de masas. ¡Mucho ánimo!

Web 2.0 power

Manifestación
Manifestación

Hablar del poder e influencia de las redes sociales de la web 2.0 a estas alturas parece de perogrullo, aunque a veces no seamos conscientes de ello. Las redes forman ya parte de nuestra existencia y demuestran su eficacia a la hora de unirnos en una causa, como sucedió el pasado sábado con las exitosas manifestaciones y concentraciones que se desarrollaron en una veintena de ciudades de España, contra la impunidad de los crímemes del franquismo y a favor del juez Garzón. Buena parte de estas protestas se canalizaron a través de Facebook, en donde proliferaron grupos con cientos de miles de seguidores de la causa. La denominada por el sociólogo español Manuel Castells «autocomunicación de masas» de la era digital coexiste con la comunicación de masas de la era analógica («Comunicación y poder». Madrid: Alianza Editorial, 2009) e impacta en la opinión pública y en las relaciones de poder. Todos estamos en las redes sociales, como ayer describía El País en su suplemento dominical («Conectados. La era de las redes sociales»). Pero estamos sólo en los primeros tiempos de esta nueva sociedad red, que tiene a su disposición para desarrollarse todo el potencial de las nuevas tecnologías de la información para introducir «nuevos actores y nuevos contenidos en el proceso de organización social, con relativa independencia de los centros de poder», apunta Manuel Castells, uno de los mayores especialistas mundiales en sociedad de la información. Posiblemente no todos los asistentes a la multitudinaria manifestación del sábado en Madrid estuvieran en las redes sociales, pero lo que es seguro es que todas esas personas, algunas sin saberlo, se vieron afectadas por los revolucionarios procesos de comunicación que operan en la nueva sociedad. Continuará.