Videojuegos

Policías, en Londres
Londres

¿Qué está pasando? ¿Por qué hordas de jóvenes saquean, queman y revientan por las costuras la ciudad de Londres y otras localidades del Reino Unido? Son disturbios con aroma de videojuego, con la estética de destrucción nihilista que ambienta estos entretenimientos de los adolescentes (también de los españoles). La mecha parece haberla prendido la muerte de un joven a manos de la Policía, pero el trasfondo de este asunto es más complicado: tensiones raciales, pobreza, desarraigo social, ansia de violencia por la violencia… Jóvenes que quizá confunden la vida con un videojuego. Pero no valen los análisis simplistas: la política debe también preguntarse por qué se suceden estos conflictos. No es tolerable tanta violencia, aunque habría que ir al fondo del asunto. El diario británico The Guardian apunta algunas claves para tener una foto de conjunto, más allá de las llamaradas, en un artículo que merece la pena leer, en el cual recuerda que Reino Unido es hoy un país en el cual “el 10% más rico es ahora 100 veces más rico que los más pobres, donde el consumismo afianzado sobre el endeudamiento personal ha sido incentivado durante años como la solución para una economía vacilante y donde, según la OCDE, la movilidad social es peor que en cualquier otro país desarrollado”. Adolescentes asaltando almacenes para llevarse reproductores de vídeo, televisores, ordenadores… como para procurarse un futuro cobijo para su realidad de videojuego. Pero la vida no lo es, y refugiarse en un videojuego es cerrar los ojos a un futuro que estos jóvenes no parecen encontrar. Game over.

Delito y exilio

Portada de "Exile"
Portada de "Exile"

Huyendo del fisco británico, y quizá cometiendo por ello un delito (o no), los miembros de The Rolling Stones recalaron en 1971 en el sur de Francia (qué mal gusto ;-)), en donde compusieron una de sus obras maestras, el disco doble Exile on Main St., del que se cumplen casi 40 años. Precisamente por ello, esta legendaria banda experta en generar abundantes montones de libras ha lanzado una interesante reedición para sus seguidores, que hoy sale a la venta en España. La estancia en aquella mansión engendró esta gran creación rockera, que contiene perlas como Tumbling Dice o Happy, junto con hermosas melodías como Sweet Virginia o Shine a Light. En su momento, declararon no sentirse demasiado satisfechos con esta obra (Mick Jagger: “No es uno de mis álbumes favoritos, aunque pienso que tiene algo especial. No estoy seguro de que las canciones sean de muy buena calidad, pero en conjunto es un trabajo hermoso”; According to the Rolling Stones. Barcelona: Planeta, 2003). El disco, de hecho, tuvo una mala acogida también por la crítica y sin embargo casi de manera inmediata gozó de una gran aceptación popular. Lo caracteriza la amalgama, variedad y riqueza de sus temas, que compusieron en un estado de gran frenesí, poseídos por el sexo, las drogas y el rock and roll; “se socializaba bastante”, admite Mick Jagger cuando rememora aquellos lejanos meses en la hacienda gala. Ahora, con sus cuerpos más cuarteados, llega de nuevo a los estantes el disco original, remasterizado, al que se incorporan algunas nuevas versiones y temas recuperados de descartes que conservaban en algún cajón. Los interesad@s deberán pasar por caja y pagar el IVA correspondiente, claro, aunque en 1971 los impuestos no les gustaran mucho a sus satánicas majestades. Siempre han tenido fama de ser más agarrados que un chotis, también hay que decirlo. ¡Grandes Stones!

“Thank you and goodbye”

Gordon Brown
Gordon Brown

No soy yo el que se va, no se entristezcan (o no se alegren; depende). ¡Cómo voy a decirles adiós, con lo que me entretiene este cuaderno de notas! El título de este post hace referencia a la despedida del laborista Gordon Brown ayer por la tarde frente al 10 de Downing Street, en un acto de normalidad democrática con el que dio paso (¡lástima!, :-(,  para qué voy a ocultarlo, pero los votos son los votos) al nuevo inquilino de la residencia de los primeros ministros británicos, el conservador David Cameron, a los pocos días de celebrarse los comicios generales en el Reino Unido. Son las formas uno de los factores que distinguen la democracia, que pese a todas sus imperfecciones es el mejor sistema político -el menos malo al menos de los conocidos en estos milenios de historia- con el que nos hemos dotado los seres humanos. Normalidad, pues, que forma parte de la acendrada democracia británica, y algunos párrafos del discurso de despedida de Mr. Brown, que compareció emocionado y sincero en este vídeo de la BBC: “I loved the job not for its prestige, its titles and its ceremony – which I do not love at all. No, I loved the job for its potential to make this country I love fairer, more tolerant, more green, more democratic, more prosperous and more just – truly a greater Britain” (“He amado esta responsabilidad no por su prestigio, sus títulos y su ceremonia, que no me gustan nada en absoluto. No; disfruté de este deber por sus posibilidades para hacer del país que amo una nación más justa, más tolerante, más ecologista, más democrática, más próspera y más justa. Una Gran Bretaña más grande, en verdad”). Tras un “gracias y adiós”, frente a los medios, despojado del peso de la púrpura, al (dicen) generalmente hosco señor Brown se le vio en apariencia feliz, relajado, acompañado de su familia, en su último paseo en el Jaguar oficial del prime minister, camino del palacio de Buckingham para su también último despacho oficial con la reina. Ya es historia.