Líneas rojas

Protestas
Protestas

Quienes protestaron este miércoles ante el Parlamento de Cataluña no se sabe bien qué es lo que querían. Decían rechazar el tijeretazo a las partidas sociales en las cuentas públicas de la Generalitat decidido por la derecha gobernante de CiU con apoyo tácito del PP, a costa de casi impedir que quienes se oponen a ese recorte -los partidos de izquierda- pudieran acceder a la Cámara. Un matiz: vivimos en una democracia representativa, y en un sistema así las decisiones se adoptan en los parlamentos. Y donde no hay parlamentos democráticos, hay dictaduras, no hay mucho más. Así que, ¿han traspasado las personas concentradas ayer ante el Parlamento de Cataluña líneas rojas que se deben respetar? Yo creo que que sí. Y es un error: porque con su actitud violenta dan alas a los sectores más ultras de la sociedad española, que toman la parte por el todo y confunden una minoría violenta con el grueso de las personas que salieron estas semanas de atrás a las plazas de España, y eso no es justo. Fuimos muchos los que valoramos la inteligencia colectiva del movimiento 15M -que por cierto se ha desmarcado de estos exaltados-, puesta de manifiesto en la acampada de Sol, y yo confío en que la cosa no se eche a perder por culpa de unos cuantos extremistas que en vez de buscar la playa bajo los adoquines, cogen los adoquines y se los tiran a la cabeza de los demás. Para que una protesta pueda ser considerada legítima, lo primero que tiene que hacer es no ilegitimarse a sí misma con sus actitudes. Pero tampoco estoy de acuerdo con la caja de los truenos que los voceros de la caverna han abierto, so pretexto de los incidentes, para parangonar al movimiento 15M con la kale borroka, meter todo en el mismo saco y acabar con una conclusión preclara: la culpa es de Rubalcaba.

Jornada de reflexión

Protesta en Sol
Protesta en Sol

La caverna mediática ultraderechista que nos rodea no para de bramar en estas últimas horas, por tierra, mar y aire. Qué matraca. Parecen querer sangre, disturbios, tumultos, botes de gas, carreras, contundentes intervenciones policiales que interrumpan esta apacible primavera. No les entran en la cabeza las manifestaciones pacíficas ciudadanas de protesta que están teniendo lugar en numerosas ciudades de España, con epicentro en la hermosa Puerta del Sol de Madrid, y piden al Gobierno mano dura contra los miles de acampados. Así entienden la política: palos al discrepante. El Ejecutivo socialista ha descartado desalojar las plazas, porque hacerlo supondría causar un mal mayor al supuesto mal causado. Es una decisión razonable, que ha acabado de encabronar a esta caverna que domina en los quioscos y en la TDT, obsesionada con lo que hace o deja de hacer el vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba, uno de los grandes políticos de este país mal que les pese a los de siempre. Y respecto a los indignados que se quejan de lo que hay (con razón a mi modesto juicio en muchas cosas, con menos razón también a mi modesto juicio en otras), cabe hacerles una pregunta: ¿qué habría ocurrido en estas plazas si en La Moncloa estuviera un Gobierno de derechas, esa misma derecha que pide mano dura contra ellos? Debería darles miedo pensar en lo que les puede ocurrir como vengan los de enfrente: eso sí que va a ser el llanto y el crujir de dientes, para una caverna que por fin se relamerá de gusto. ¿De verdad piensan que todas las opciones políticas son iguales? ¿Están seguros de no querer ir a votar?

¡Sus vais a matar igual!

Velocidad
Velocidad

«Amigo agente. Un placer saludarle de nuevo en esta comisaría tan chula que han abierto en el barrio. Pasaba por delante y quise saludarle. Aparte, le cuento. A mí lo de la disminución de la velocidad me parece de maravilla, le parezca mal a quien le parezca. ¿Que al Alonso ese no le gusta porque se duerme? Fantástico; que vaya en bici. ¿Que al PP tampoco? Mejor. Yo estoy totalmente de acuerdo. Es más: yo incluso pondría controladores de velocidad a la salida de los portales de las ciudades, por las mañanas. Y a todo aquel que presentara a tan tempranas horas un exceso de revoluciones, ordenaría que por ley les mandaran a reposar al sofá de su casa o a la camita, hasta que se templaran los ánimos. Vamos todos muy pasados de vueltas en esta sociedad moderna, sobre todo con las cosas que escucha uno. Verá qué bien íbamos a vivir. ¿Usted tiene mano con Alfredo Pérez Rubalcaba para trasladarle esta modesta propuesta de los controladores de revoluciones apostados a pie de los portales? Le estaría eternamente agradecido. Tanto correr, ¿pa qué? Pa ná; ¡si sus vais a matar igual!»