Desesperanza Aguirre

Esperanza Aguirre
Esperanza Aguirre

Desesperanza Aguirre recordó a los trabajadores que asistieron en Metro a la manifestación del Primero de Mayo en Madrid quién manda: para coger el transporte público hubo que pagar un sobrecoste del 11% en cualquiera de los abonos o metrobuses, la última de sus medidas. Desesperanza Aguirre carga contra los sindicatos y, por ende, contra los trabajadores y trabajadoras. se ríe en su cara de sus derechos, desprecia sus reinvindicaciones. Tiene una virtud: mostrar el rostro descarnado de la derecha española, sin camuflaje, al contrario de lo que practican otros de sus correligionarios que fingen con imposturas. Desesperanza Aguirre quizá no haya cogido nunca el Metro (bueno, en campaña tal vez, para hacerse la foto), no habrá sabido nunca lo que es estar sometida a unas condiciones de trabajo miserables, con sueldos rastreros y convenios lamentables. Ella lleva toda la vida rodeada de lujo y oropel, como no puede ser de otra manera para alguien de tan alta cuna. Desesperanza Aguirre, que no está a la altura de la dignidad que se le presupone a alguien que ostenta la Presidencia de la Comunidad de Madrid, hoy de fiesta con motivo del 2 de mayo, se mofa de todo y de tod@s. Falta al respeto y a la dignidad de mucha gente trabajadora, de la que ella tendría algo que aprender. Pero no hay nada que hacer; ella solo responde ante su Dios.

PD.- Pancartas y lemas de la manifestación del Primero de Mayo en Madrid, que a pesar de no estar a tope de gente y de ser azotada por el frío y la lluvia, sí se vivió con intensidad y emoción, denunciaron la deriva autoritaria del Gobierno del PP, que quiere acallar a todos los que no piensan como Rajoy. El derecho a la protesta, señor@s del Gobierno, es lo único que están dejando ustedes a mucha gente.

Una sociedad dual

ADN
ADN

Los recortes brutales en educación, sanidad y servicios públicos decretados por la mayoría absolutísima del PP no están animados por un espíritu reformista. No son el cambio, son el cambiazo. No son reformas del modelo existente, sino pasos hacia otro paradigma: responden a una ideología concreta, neoconservadora y muy de derechas, que mina el ya de por sí escaso sentido de lo colectivo que tenemos en este país y consagra el individualismo más atroz. Es el refrendo, desde el poder, al “que cada cual se saque las castañas del fuego” tan enraizado en nuestro ADN, a que cada cual se busque la vida y que el que tenga pocos recursos quede sumido de por vida en el agujero. Ese es el modelo de sociedad que promueve la derecha española, con decisiones tan atroces como retirar la tarjeta sanitaria a los inmigrantes sin papeles. Y si la única solución para salir de la crisis son estos tijeretazos tan feroces y el establecimiento de una sociedad dual en la que los ricos y poderosos van a ser todavía más ricos y poderosos, y los más desfavorecidos van a quedar todavía más hundidos en el fango sin una mano que desde lo público preserve los equilibrios y les eche un cable, a mí eso no me va. Que paren el tren, que me quiero bajar. Y si no lo paran, unámonos quienes pensamos distinto y hagámoslo parar y transitar por otras vías antes de que nos arrolle. Este domingo hay convocadas manifestaciones en varias ciudades de España contra los tijeretazos.

Oigan, los de la caverna, que esto es un derecho

Reforma laboral
Reforma laboral

Con la caverna mediática desatada y poco menos que anatemizando a las personas que hoy hacen huelga como violentos roj@s peligrosos y vendepatrias, es menester recordar que, oigan, esto es un derecho legítimo que asiste a todos los ciudadanos. El derecho a decir que hoy no trabajan porque están en contra de una reforma laboral injusta (porque permite el despido libre, la rebaja de salario y ampara la pérdida de derechos adquiridos), ineficaz (porque en lugar de ayudar al empleo lo que fomenta es el despido) y, por último, que vulnera derechos reconocidos en la Constitución. La derecha gobernante y todo el piélago de medios que le asisten ponen el acento en broncos disturbios, piquetes, caos y destrucción. Yo me asomo a la ventana y no veo ni coches incendiados, ni iglesias ardiendo. ¿Que puede haber exaltados en los piquetes que se pasan de vueltas? Seguro. Pero, ¿por qué no se recuerdan las tremebundas presiones que sufren muchos trabajadores y trabajadoras que hoy tienen que acudir a su trabajo sí o sí? ¿Por qué no se airean las coacciones que reciben muchas personas que no pueden hacer huelga, queriendo secundarla, por miedo a represalias? Como el caso que me contaban esta mañana de una trabajadora que no ha secundado la huelga por miedo a que le dieran una patada en el culo al día siguiente. Y lo más tremendo es la conclusión a la que llegaba esta persona, según me referían: “No hago huelga para que no me despidan… Y al final sé  que dentro de un tiempo me van a despedir igual”. Oigan, los de la caverna, esto ¿no es violencia?