A la excelencia por la putrefacción

Crisis
Crisis

Estamos en un punto tan crítico en esta crisis de mierda que la solución que pergeñan algunos pasa por aliarse con la susodicha caca para ver si conseguimos dar alguna brazada hacia adelante. Al igual que un veneno en pequeñas dosis obra un efecto beneficioso y medicinal, y que en grandes cantidades es mortal, ese parece ser el principio activo de algunas propuestas que se vienen conociendo. Que si un banco malo que agrupe los productos inmobiliarios putrefactados, que si minijobs, minitrabajos con sueldos de mierda para crear empleo… Todo suena muy raro, y al tiempo, los verdaderos malos de todo este tinglado, lo que se están llevando muerta la pasta con sus juegos malabares con la deuda soberana, no parán de engordar sobre los restos del naufragio, sin que nadie se atreva a meterles mano. Llegar a la excelencia y salir de la crisis cogiendo carrerilla sobre la mierda… o conseguir que la suela del zapato se hunda aún más en la porquería. ¿Alguien entiende algo?

Algo va mal

¿Futuro?
¿Futuro?

«Algo va mal, agente, y como no tengo clara la responsabilidad ni la identidad del culpable, pues hete aquí que vengo a interponer una denuncia contra todo dios, urbi et orbe. Denuncia contra los que lo envuelven todo en plástico, que estoy harto de bajar todos los días un bolsón de basura lleno de lo susodicho al reciclado que supera con creces los residuos orgánicos: toda una metáfora contemporánea. Denuncia contra los que no hacen nada para evitar que nuestra Europa unida, patrimonio democrático de la humanidad como dijo Lula, haga aguas. Denuncia contra quienes ensucian los mares y producen que los peces que tanto me gustan cada vez estén más llenos de mierda que luego se mete un@ pal cuerpo. Denuncia contra las empresas que no tienen reparos en producir en países que no tienen un mínimo respeto por los derechos humanos y cuyos productos también lo inundan todo. Denuncia contra quienes favorecen en España un sistema dual de educación; al loro con la futura sociedad que se avecina. Denuncia contra lo que hizo que en este país no haya un sentido de lo colectivo para tantas cosas. Denuncia contra quienes llenan de humo el aire de mi ciudad. Denuncia contra quienes con sus decisiones están recortando el futuro. No espero respuestas, agente, tan loco no estoy; me limito a gritar mis denuncias y, escuche, qué a gusto me he quedado.»

Imágenes mezcladas

Cámara
Cámara

«Doctora, encontré en el banco de un centro deportivo una cámara de fotos olvidada, metida en su funda. Nunca quise quedarme con ella, pero antes de devolverla no pude resistirme a echar un vistazo a las fotos acumuladas en su interior. La curiosidad y el deseo de echarle un ojo a la vida de al de al lado es un deseo invencible, y por eso triunfan estas cosas de las redes sociales. Podría decir que las fotos de la cámara aquella estaban divididas en dos mundos: aparecían por un lado rostros y gentes de otros lugares; inmigrantes trabajando en España, sin duda. En otro estaban retratadas gentes pudientes de un hogar acomodado con aspecto de estar enclavado en una zona pija de la ciudad, a quienes los primeros parecían servir. Había incluso un tercer grupo de fotos en las que ambas realidades estaban mezcladas: imágenes de momentos compartidos, de niños españoles de clase bien con sus cuidadores extranjeros. Quizá eran fotos que los dueños de la cámara habían hecho para enviar a parientes del otro lado del océano, para enseñarles dónde viven, a qué se dedican, a quién sirven. Cuando salí del complejo deportivo, deposité la cámara en el control de acceso, con la confianza de que los dueños de las realidades retratadas en la memoria de las fotos se reencuentren con el aparato que las inmortalizó. Mientras estuve cotilleando las fotos, una cámara de seguridad del recinto me grabó, y fui observado por el guardia de seguridad al que luego entregué la cámara encontrada. Y escribí esto que quizá nunca vayan a leer los pijos retratados en las fotos, o sus sirvientes, y que ahora le estoy contando, doctora.»