Desencanto invernal

JJ Cale
JJ Cale

«Querida doctora. Me golpea la desazón de la mitad del invierno: no se inquiete; suele pasarme todos los años. Pienso que todo es una farsa, un teatrillo, una ficción. Vivo en una casa que ya no vale lo que pagué por ella. Estaba sobrevalorada, como tantas, y la burbuja me ha estallado en la cara. ¡Viva el ladrillo y vivan todos los adoradores del ladrillo que son legión en esta piel de toro! Hago un trabajo por el que no me pagan lo que creo que deberían pagarme. Vivo en una sociedad en la que medran las gentes sin escrúpulos y se valora a los pelotas y a los mediocres en todos los sentidos. Me horripila este Occidente que hizo oídos sordos y se dio grandes abrazos con los sátrapas de la otra orilla del Mediterráneo, y que ahora se apresura a condenar a esos mismos sátrapas y a alabar las revoluciones populares.  Me miro al espejo, doctora, y lla no xé kién xoy. Please, help me.»

La piel de toro

Escudo Federación Rusa
Escudo Fed. Rusa

Mucho ha cambiado la piel de toro en los últimos años, ¿sabes, Faktuna? Esta mañana, en una oficina de correos de un barrio al sur de esta gran ciudad de Madrid, una inmigrante enviaba 600 euros, más de veinte mil rublos al cambio, a alguien en otra gran ciudad de la Federación Rusa. Comentaba que nació en 1963, y su edad era similar a la de la funcionaria que le atendía. En el 63 este barrio lo formaban emigrantes españoles de muchos rincones de la piel de toro. Ahora lo forman, además, inmigrantes de toda la aldea global. Donde muchos ven un riesgo, otros preferimos ver un factor de enriquecimiento. ¿Riesgos?: claro, es el mayor desafío que posiblemente tiene por delante nuestra sociedad. Éste es un debate que debe hacerse con la mirada abierta, de forma realista, sí, pero libre de prejuicios también.