Amaneceres infantiles

Pesadillas
Pesadillas

Cuando uno es niño las noches se pueblan de trasgos, monstruos y brujas, que no se van del todo a pesar de que haya una lamparita que dé luz al lado de la cama. Más bien al contrario, porque la lamparita tiene por costumbre arrojar sombras con formas caprichosas que, no se sabe cómo lo hacen, pero siempre se asemejan a seres fantasmagóricos. Qué miedo. Y meterse debajo de la sábana y las mantas (hoy, del edredón) tampoco ayuda, aunque consuele, porque los seres raros siguen ahí afuera acechando al otro lado de la tela, debajo de la cama o subidos a la estantería de los cuentos, que en sí mismos son formidables contenedores de sueños y pesadillas. Solo la llegada de nuestra madre, al requerimiento de nuestra voz o de nuestro llanto, espanta las bestias y ahuyenta los temores. Mi madre, la madre de cada cual, su cálida voz con propiedades balsámicas, sus manos siempre llenas de caricias tranquilizadoras, que corre a arroparnos o a darnos un beso de hola al mundo matinal, de adiós a las sombras, de triunfo de la luz, de bienvenid@ al amanecer.

Tulipanes espectrales

Tulipanes
Tulipanes

«En la tele del Metro de Madrid que me llevaba al trabajo decían el otro día que para descansar bien por la noche no hay que consumir productos excitantes en los momentos previos, no hacer ejercicio antes de dormir e irse a la cama con la mente limpia. Yo, doctora, que soy fiel seguidor de todos los consejos de salud por mi naturaleza hiponcondriaca, sigo al dedillo estas recomendaciones. Pero no por ello en estos tiempos de crisis brutal dejo de tener pesadillas sobre el presente y el futuro, que quiebran mi ser, de natural optimista. Esta pasada noche soñé que dormía en una especie de vitrina de cristal, a ras de suelo, desde la que veía un campo de tulipanes entre cuyos colores sobresalían unos seres espectrales, y me desperté sobresaltado, porque aquello parecía un camposanto. Me pregunto, doctora, si todos los especuladores que están haciendo caja con los jirones del euro, que seguro que consumirán todo tipo de productos excitantes, harán ejercicios compulsivos antes de irse a la piltra y tendrán la mente sucia pensando en un chorro de dinero que les cae sin cesar con sus siniestros juegos malabares, que están arruinando a sociedades enteras, dormirá a pierna suelta y roncando sin parar. Y no hace falta ser un genio, doctora, para temer que sí que lo harán.»

Tiempos cortos

Cambio horario
Cambio horario

Me he levantado y he buscado por toda la casa todos los relojes para atrasar una hora su tiempo. Por decreto. El horario de verano da paso al de invierno. Estaban todos metidos en la nevera, en donde se habían refugiado con la esperanza de quedarse congelados, pero no lo consiguieron y los hallé a tiempo. Me quedó uno, el maldito de bolsillo que siempre se esconde porque es el más rebeldón y se niega a estas manipulaciones, pero al final di con él. Mientras atrasaba los relojes reparé en que, en la historia humana, la hora siempre la marca la manecilla más corta, esto es, las más idiota, y por tanto la más manipulable. Oséase, insisto, que esto que hemos convenido en llamar vida está dirigida por la manecilla corta, la que tiene menos miras. Esto explica muchas cosas. A la manecilla larga, la más avispada, no hay dios que la gobierne. Y esos sesenta minutos que hemos vuelto a ganar de madrugada han vuelto a ser un contenedor de sueños, y de pesadillas. Buenos días.