Realidad poliédrica

Por tu Culpa
Portada de “Por tu Culpa”

La realidad se descompone en mil pedazos, como en un caleidoscopio, y solo alcanza a tener algo de sentido cuando giras el cacharrito en dirección al sol, intentando descifrar qué se oculta detrás de los dibujos de colorines, preñados de gracia al contacto con la luz. Es solo un intento, porque muchas veces, en realidad, uno no llega a comprender nada de lo que ve, o de lo que ocurre. Es, tal vez, lo que ocurre en una micronovela de mi amiga Silvina L. Monge,  Por tu Culpa, que trata de desentrañar los motivos de una tragedia a través de las múltiples personas que convivieron con el protagonista silente de esta obra, de verdad recomendable por su ligereza y su frescura, su ausencia de adjetivos y su búsqueda de la prosa precisa. Silvina me cuenta que “con Por tu Culpa aprendí la verdadera condensación de palabras. Cada letra tiene su lugar. Primero escribí y escribí para, tras un largo pulido, quedarme con la pena máxima de cada personaje condensada en breves párrafos. Es una novela al desnudo, sin maquillaje, cruda. Y que me ha dejado a mí tiritando en el vacío de un montón de palabras no escritas.Lo único que sé es que todos llevamos un papel arrugado dentro”. Ese papel arrugado contiene nuestra pena y nuestra penitencia.

PD.- Por tu Culpa se puede descargar, por una cantidad tan módica que es más bien simbólica, de las páginas de Amazon en España, Reino Unido y USA. Un pequeño gasto que representa mucho para esta joven escritora. Se lee en un ratito y gustosamente en cualquiera de los cacharritos digitales que nos acompañan y convierten en agradable el más anodino trayecto en metro.

Stop desahucios

Protesta contra los desahucios
Protesta contra los desahucios

Acaba de saltarme en el móvil otro maldito SMS de esos que vuelven a hacerlo todo un poco más oscuro. Un nuevo suicidio de una persona que se iba a ver privada de su casa, en Barakaldo. ¿Cuántos van ya? Hablamos del terrorismo criminal, y del machismo criminal, pero, ¿acaso esta práctica de desalojar a la gente de su casa porque se han quedado en paro, o porque han perdido sus ingresos y no pueden hacer frente a los recibos, acaso esto no es una forma de violencia vil y abyecta más propia de los siglos de la peste negra que de ahora? La propia Unión Europea acaba de deplorar la norma española que desaloja a la gente de sus casas y les arroja a la calle. Es urgente una solución que detenga este sufrimiento, con miles de familias ya desahuciadas y otras miles que podrían correr semejante suerte, y miles de personas también que han ejercido una presión ciudadana ante los domicilios a desahuciar para decir basta ya y decenas de jueces que han puesto igualmente el grito en el cielo. Cualquiera nos podemos ver en esta situación tan injusta en estos tiempos tan inciertos, tan negros. El principio de acuerdo que han alcanzado PSOE y Gobierno esta semana para introducir cambios legislativos urgentes que frenen los desahucios arroja un poco de luz, y ojalá que la voluntad gubernamental sea firme. Mientras eso no ocurra, me temo que el móvil seguirá escupiendo mensajes que encogen el corazón.

Muerte y romanticismo

Larra
Larra

Lo más desasosegante del recién reinaugurado Museo del Romanticismo de Madrid (antiguo Museo Romántico) es la presencia de la muerte entre los oropeles, que nos recuerda el destino trágico que corrieron muchas figuras adscritas a este movimiento de finales del XVIII y primera mitad del XIX. El museo, sito en una bella casa palacio (C/ San Mateo, 13) del siglo XVIII en el centro de esta gran, extraordinaria metrópoli, cuelga en sus muros lienzos de interés -un goya entre ellos-, exhibe refinados objetos suntuarios que recorren las artes decorativas de un par de siglos y… pistolas. Armas de fuego que fueron las que pusieron fin a la vida de más de un romántico atribulado, como ocurrió con uno de los grandes literatos del XIX, el escritor y periodista romántico Mariano José de Larra. Todo ello se muestra en este renovado museo, que esconde en su interior un recoleto jardín con un impresionante magnolio que promete ser un agradable oasis de paz en los meses calurosos, un patiejo en el que repasar alguna de las grandes crónicas de Larra, El pobrecito hablador como gustaba de motejarse, que se pegó un tiro con uno de los pistolines expuestos en este palacio. Sólo tenía 27 años.