De fantasmas buenos

Dionisio y Anastasia
Dionisio y Anastasia

Dionisio y Anastasia son dos fantasmas que vagan de guerra en guerra en la obra homónima que se ha representado durante este fin de semana en la Kubik Fabrik (y mira que ha habido cientos de cruentas guerras desde que el mundo es mundo), con mucha ironía (muy a lo Gila), mucha ternura y mucho amor. Anastasia es una veterana de las contiendas humanas, que, por dispares que sean, acaban siendo todas iguales. Dionisio es un recién llegado al mundo de los fantasmas, aunque ya ha constatado que «cada vez sabemos menos, pero nos engañan más», que la mala leche es la que emponzoña a los hombres y les hace enfrentarse y que el arma más poderosa es la palabra (y por eso tantas veces la han intentado acallar). Ojalá en el muindo hubiera más fantasmas como ellos, fantasmas buenos e inocentes de los que hacen reír, no como esos fantasmones tan peripuestos embutidos en serios ternos que nos amargan la vida viernes tras viernes con las decisiones del Consejo de Ministros. En la Kubik ya no se puede ver esta obra de la Compañía Zascandil, pero si tienen oportunidad de verla en algún otro teatro, no se la pierdan, porque les permitirá reflexionar, sin perder la sonrisa, sobre la inutilidad de las guerras y la estúpida querencia del ser humano por el horror más absurdo.

Mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo

Los tres protagonistas de Solfatara
Los tres protagonistas de Solfatara

Como a la mayoría fijo que no nos tocará la lotería navideña este 22, siempre hay tiempo para darse otro regalo. Uno, por ejemplo, en forma de gordo teatral: asistir a la representación que la compañía catalana Atresbandes hace en la Kubik Fabrik de una obra deliciosa, Solfatara, una pieza sobre los miedos y los temores agazapados en cualquier relación de pareja, que emergen como las fumarolas de un volcán a poco que se agite el invento. Entre ella y él, los dos protagonistas de la obra, se interpone en todo momento la figura de un enmascarado que es la metáfora de todas las cosas que nos dejamos de decir cuando afrontamos la convivencia, de todas las cosas que nos callamos y que, tantas, tantas, veces, acaban por reventar la relación. He escrito «dos protagonistas», pero son tres, qué demonios, porque, como dice el personaje masculino, «cuando mi madre me tuvo, parió dos gemelos: mi miedo y yo». Está narrada con tanta gracia y es tan divertida y original, que el tono trágico acaba edulcorado por la ternura que desprenden los personajes. Tienen una última oportunidad de verla en la Kubik este domingo a las 22:00, salvo que les toque la lotería -que ya les digo que va a ser que no, sin ánimo de ser aguafiestas- y de hartarse de aplaudir esta creación tan simpática y que seguro que les va a tocar la fibra, porque por la experiencia de la pareja todos estamos llamados a pasar, cada cual con su máscara.

Sublime equilibrio

Un momento de Equilibrio
Equilibrio

Cuando cae el telón de Equilibrio, queda una sensación de tristeza porque se acabe este lindo espectáculo. Y de melancolía por la belleza concentrada en cuarenta minutos de función y por todo lo que queda por vivir. Los promotores de la obra, de la compañía Daniel Abreu, explican que las tres protagonistas, mediante su danza, hablan «de las necesidades de afecto, de la necesidad de ser importante, de lo que supone estar solos o acompañados, de ofuscarse en lugares concretos», de «lo que somos capaces de hacer por sentirnos en paz, tranquilos y en equilibrio». De la sala sale uno con sensación de haber recibido un intenso masaje en los sentidos, con una obra alternativa que no se puede definir en palabras, porque la coreografía de las tres actrices que la bailan y la interpretan es tan sutil y delicada como unos versos expuestos al aire. Si se animan, esta noche tienen oportunidad de verla en la Kubik Fabrik (21:00). Ojalá que quienes la vean salgan como salí yo: con esa sensación de bienestar, de paz, de sublime belleza; de equilibrio, sí.