No todo es mentira

Nueva York
Nueva York

Del 11-S que golpéo la capital del mundo y otros lugares de Estados Unidos se pueden extraer muchas lecciones, algunas muy reiteradas a lo largo de esta primera década de tan execrables crímenes terroristas. Es una jornada que se presta a echar la vista atrás y a intentar recordar qué estaba haciendo un@ en aquella jornada, tal y como se manifiesta hoy en tropecientos reportajes periodísticos publicados a propósito de la efeméride. Tiempo para recordar cómo han cambiado nuestras vidas en estos diez años de sobresaltos, en los que ha ganado terreno la incertidumbre sobre el futuro. Y una lección que no se puede olvidar: que aquel atentado con visos de ciencia ficción estaba pasando y estaba ocurriendo ante nuestros ojos de televidentes, que no todo lo que sale en televisión es mentira.

PD: Desde que sucedió este 11-S de 2001, se olvida otro execrable 11-S: el del golpe militar que acabó en 1973 con la vida del presidente chileno Salvador Allende, a manos del no menos execrable Pinochet.

¡Extínganse, pero ya!

Huevos de Pascua
Huevos de Pascua

Pasó la Pascua de Resurrección y hay que retornar a la rutina, con sus ingredientes habituales y cotidianos. Entes que no deberían resucitar jamás y que no acaban de desaparecer: ETA, la represión en Siria, la tiranía de Gadafi. ¿Por qué no se marchan para siempre? ¡Extínganse de una maldita vez! (hay que estar ciego, o loco, o ambas cosas, para no hacerlo). Por otra parte se topa uno con entes que reviven al calor electoral: el uso que el PP hace de la lucha contra el terrorismo, un material tan delicado que debería quedar fuera de la trifulca política, pero que los conservadores (encarnados en su sector más ultra) se empeñan en utilizar una y otra vez, una y otra vez, con tal de arañar unos votos. Con los muertos no se debe jugar.

Lógicas totalitarias

Orlando Zapata
Orlando Zapata

Se ha escrito y comentado mucho estos días acerca de la paradoja de que uno de los pistoleros de ETA detenidos el pasado domingo en Normandía (Francia), Beinat Aginagalde, fuera médico. Que una persona formada para salvaguardar la vida y la salud de los demás acabara asesinando a tiros al concejal socialista Isaías Carrasco o al empresario Inaxio Uria hace preguntarse acerca de las extrañas lógicas totalitarias que anidan en las mentes de estos sujetos, y de éste más en concreto, que un día cambió el fonendoscopio por la pistola. Ahora le espera la cárcel en lugar del hospital, la celda en vez de la consulta; ese es el destino de todos los terroristas que pretenden, vanamente, imponer a tiros su totalitarismo a una sociedad democrática en pleno siglo XXI. Hay más paradojas estos días, como la de un régimen, el cubano, surgido hace décadas al calor de un clamor revolucionario y transformado desde hace demasiado tiempo en una gerontocracia que condena a jóvenes disidentes como Orlando Zapata. La tímida mirada de Zapata, del que, tras su reciente muerte, apenas conocemos unas fotos, no parecía encubrir a ningún peligroso criminal -como dicen algunos-, sino simplemente a una humilde persona que alzó su voz para pedir libertad. El respeto a los derechos humanos y la defensa de la democracia son la mejor vacuna contra las lógicas totalitarias que acompañan como una amenaza al ser humano desde el principio de los tiempos.