Días de hogueras

Hogueras
Hogueras

21 de junio, solsticio de verano: los aficionados a la astronomía explican que “la Tierra en su movimiento alrededor del Sol experimenta una ligera inclinación en su eje de rotación, que ocasiona una diferencia en la cantidad de irradiación de la luz solar en su superficie. Con un ángulo de 23 grados y 27 minutos el hemisferio norte obtiene este día el mayor número de horas de luz solar”, o sea, que afrontamos el día más largo del año, y la noche más breve, y comienza de manera oficial del verano (a las 13:28 de hoy), que promete ser uno de los más calurosos de los últimos tiempos. Arranca una semana en la que se suceden también las celebraciones de la noche de San Juan, tachonadas de hogueras en numerosos puntos de la piel de toro, desde Levante hasta Galicia (San Xoan), con jóvenes y no tan jóvenes saltando por encima de las brasas. ¡Ponga una hoguera en su vida! Llamas para quemar lo viejo, espantar los malos espíritus que tanto abundan, purificar y dar paso a la nueva esperanza de la luz y el calor. ¿Tiene lumbre?

La vomitona

Mineros
Mineros

Los humanos somos continentes con contenido: vísceras, sangre, otras entrañas. Si nos pinchamos, o nos pinchan, siempre exportamos algún tipo de fluido. En general no nos gusta que nos pinchen (siempre hay depravados/as), pero no tenemos empacho en pinchar a la Tierra, el planeta que nos contiene a tod@s, de la que nos olvidamos que también sufre cuando le sometemos a estas prácticas que tan poco nos gustan en nuestra propia piel. Qué paradójico. El ser humano lleva milenios con el casco de minero puesto, horadándola, perforándola, raspándola, estrujando la tierra para extraer sus riquezas naturales, ora petróleo, ora carbón, ora granito… Lo que toque. Antes preferíamos el oro para hacer caros abalorios y tener un patrón para nuestras monedas. Ahora buscamos como posesos silicio, materia prima básica para la industria electrónica, fundamental para tener bien engrasados nuestros circuitos informáticos; por fortuna abunda bastante. Menos comienza a abundar el petróleo, otro fluido fundamental en nuestro modelo económico, cuyos yacimientos dan síntomas de agotamiento y hartura. Uno de ellos, frente a las costas de Estados Unidos, quizá cansado de los permanentes pinchazos, ha generado una inacabable vomitona que lo está ensuciando todo. Posiblemente sea una venganza: “¿No querías caldo? Pues toma dos tazas”. Y lo malo es que parece ser que no podemos dejar de horadar, perforar, raspar y estrujar.

El encorvamiento

Planeta Tierra
Planeta Tierra

«Leí la otra noche en el periódico que la energía desencadenada por el último, terrible terremoto, de Chile, con una magnitud de casi nueve grados, había desplazado el eje de la Tierra alrededor de ocho centímetros e incluso acortado los días. A lo tonto, con la lectura de ese artículo me di cuenta de repente del motivo de este mi encorvamiento, ahora que llevo tantos años sobre este planeta. Desde que me nacieron, hace ya demasiados años, mi vida ha ido experimentando seísmos, cataclismos… hasta tsunamis, a lo largo de su devenir. Como resultado, el eje de mi humilde existencia humana ha ido desplazándose, escorándose, desde la alegría a la infelicidad, desde la plenitud a la pesadumbre, en una ciclotimia permanente. Sin necesidad de ir al médico, ahora lo entiendo todo. Así que golpe a golpe de la vida -y no verso a verso que cantaría Serrat inspirándose en Machado– mi ser se ha ido virando. Si sigo esta progresión degenerativa, llegará un día en el cual el eje de mi cuerpo habrá dado un giro de 180 grados; ya no le falta mucho. Culminado ese vuelco, ese punto de no retorno, andaré con la cabeza y pensaré con los pies. ¿O no lo estaré haciendo ya?»