Suscripción cancelada: esta nada nos priva de todo

Cancelada la suscripción
Ya no hay revistas

Se está produciendo, calladamente, un desmantelamiento de los servicios públicos, que son de todos con estos brutales recortes (reformas no, oigan, re-cor-tes). En la magnífica biblioteca pública de mi barrio de trabajadores ha habido goteras que han amenazado el edificio y su valioso contenido y que han tardado meses en ser reparadas porque no había dinero. Han suspendido todas las actividades de animación sociocultural dirigidas a los niños. Acaban de cancelar todas las suscripciones a numerosas revistas culturales de la hemeroteca del centro. Están cancelando y cercenando, así, las posibilidades de formación de las personas con menos recursos, que sin el apoyo de lo público se verán privadas de un ascensor social en medio de esta crisis que condena a legiones de personas a la desesperación más absoluta. Son los efectos en la vida cotidiana de los macrorecortes de nuestros gobernantes de esta derecha montaraz, que siguen sin dar explicaciones y manejando las tijeras (el último tajo, ayer: un re-cor-te de 10.000 millones para sanidad y educación, “anunciado” de extranjis). Gracias por esta nada que nos priva de todo.

El censor

Tijeras
Tijeras

«Amada doctora, le habla Cleofás Cista, para servir a Dios y a usted. Perdone que no haya podido ir a la consulta y que le escriba este correo eléctrónico, pero me dio un ataque de melancolía pensando en cuando era más joven y trabajaba de censor para el régimen. ¡Ah! Qué placer me producía cortar una película subidita de tono en la que aparecía un beso, no le digo nada si el corte afectaba a un seno incipiente, o a la curva de un muslo… Pero no era menor el también intenso placer que me generaba cortar de un libro palabras como “democracia”, “derechos humanos”, “libertad”. ¿Y qué hacía con todos esos recortes? Los iba archivando en una caja, y por las noches los mezclaba en fantasías interminables, con un sucio y paradójico sentimiento de culpa. Lástima que la llegada de la democracia arruinara mi trabajo y me condenara a vagar como alma en pena. Estoy ya mayor, pero, dígame la verdad, ¿cómo estoy de salud para emigrar a otro país en donde pudiera retomar mi vieja querencia por las tijeras, China por ejemplo? Si lo de China no me lo recomienda, había pensado como alternativa irme a Valencia: allí seguro que el presidente Camps me podría dar un buen puesto para eliminar de las emisiones públicas palabras como “correas”, “bigotes”, “trajes”. ¡Gran placer!»