Cada vez que habla, hay boda en el infierno

El Infierno, según El Bosco
El Infierno, de El Bosco

“Cada vez que habla, hay boda en el infierno”, le escuché una vez alguien, hace bastante tiempo ya. La frase no ha perdido vigencia, ni valor. Cuántas gentes solo generan azufre a su paso. Uf, son casi una legión del demonio. Gentes que usan su mente para hacer el mal. Gentes a las que divierte hacerle daño a los demás. Si fueran menos, se les podría encerrar en algún lado, para que se entretuvieran fastidiándose la vida entre ellos. Pero con esta cantidad de seres tan aficionados a estas malas artes, no hay espacio suficiente para albergarlos a todos.

¿De quién hablaba la persona a la que escuché semejante frase, como si de un aforismo o refrán cargado de sentido se tratara? No lo recuerdo. Pero seguro que cada uno le puede aplicar esta frasecita a quien menos le guste, que seguro que tienen más de un candidato: en la vida pública, en la vida privada. En la vida.

Viva lo tradicional, aunque no siempre

Torrijas
Torrijas

Voy a pillarme un proyector para conectar al ordenata y lanzar su imagen sobre una pantalla. Cine a domicilio, qué demonios. Aunque hay que seguir yendo a las salas, sobre todo ahora, y ya era hora, que el Gobierno ha tenido a bien rebajar el IVA. Voy a vender mi coche y a comprar una bici eléctrica para subir las cuestas de la ciudad. Queda uno muy hipster y molón. Voy a seguir comprando vinilos de segunda mano sin parar, que son tendencia. Esta Semana Santa me niego a hacer torrijas de horchata y otras guarrerías que he visto en la red. Haré las de siempre, con pan, leche, azúcar, huevo y canela. Me gusta, aunque no siempre, lo tradicional. La cocina tiene mucho de tradición, aunque me encanta poder innovar. Cocinar, cocinar me mola. Me gustan las cosas hechas a fuego lento, poquito a poco, en los fogones y en la vida. Las llamas puede ser que gusten a algunos, pero a mí no: calientan muy rápido y en muy poco tiempo, y luego solo queda mal olor y ceniza. Hacer las cosas a fuego lento –en el cine, en la bici, en la música, en la cocina, en la vida- es garantía de un sabor inigualable.

¿Contra el apagón?: vida a raudales

Un control de realización de la tele griega
Un control de realización de la tele griega

La troika que esta semana ha apagado o ha ordenado apagar la televisión pública de Grecia se ha cargado de golpe y porrazo un canal público con medio siglo de historia de existencia, dándole al botón off de manera definitiva. Yo me imagino a esos seres troikianos, que solo puede concebir uno de manera siniestra y cruel, apagando hoy la tele, mañana una universidad y pasado un hospital. Todo sale caro y se apaga; el que quiera algo, que se lo pague; además, así de paso evitamos que haya periodistas que cuenten lo que está pasando (lo cual no es baladí). Y así se apagan igualmente vidas y seres. Ha ocurrido en Grecia, pero está ocurriendo también aquí, en esta España golpeada por la recesión austericida que los del norte de Europa están imponiendo al sur, creando una fractura que puede pasar una factura mucho más cara para el futuro de la Unión a no tardar demasiado. Hay que acabar con este austericidio que fulmina existencias y exigir otras políticas, que nos dejen margen para respirar, porque estas recetas únicamente nos siguen sumiendo más y más en el hoyo. Y entre exigencia y exigencia, debemos vivir o intentarlo. Contra tanta grisura, una buena receta para evitar que se vaya la luz es, cómo no, un buen espectáculo teatral, como el que este fin de semana brinda en la sala Kubik Fabrik la compañía Teatro des Clos con su pieza Globe Story, una mágica pieza de cine mudo, de teatro mudo sobre las tablas, que irradia vida a raudales contra el apagón. En Globe Story, un actor y una actriz viven una apasionada historia sin palabras y te trasladan a los tiempos de Buster Keaton, de tantos pioneros del séptimo arte, de un plumazo, sin que se tenga que mover uno del asiento, el mismo asiento desde el que se hartarán de aplaudir cuando caiga el telón. No se la pierdan, que está en cartel hasta este domingo.