Caras A y B

Vinilo
Vinilo

En la vida nos vamos definiendo por lo que hacemos, y por lo que dejamos de hacer. Tenemos, como los vinilos de antes -ahora felizmente de moda de nuevo- cara A y cara B. En la A se va reflejando lo que hicimos, y los que nos queda por hacer antes de que se nos agote el tiempo y el contador llegue a su fin. En la B se almacenan decisiones que no tomamos: el novi@ que no tuvimos; el beso que no dimos a tiempo; la carrera que no nos atrevimos a hacer; el tren que dejamos pasar. Hay gentes incluso con cara C: seres terribles con muchas cosas que ocultar (aunque aquí viene al pelo una cita del escritor norteamericano Mark Twain: Every one is a moon: has a dark side which he never shows to anybody / Cada uno es una luna: tiene una cara oculta que nunca muestra a nadie). Poner en el giradiscos siempre la cara B, aunque no está mal recordarla a pequeñas dosis, conduce a la melancolía, que tiene su punto de amarga dulzura si no se abusa de ella. De la cara C de algunos de nuestros semejantes (o mejor, de nuestros repugnantes) mejor no hablar, porque se pueden reventar los altavoces. Así que me quedo con la cara A de la existencia: lo que nos queda por hacer, con un poco de arrojo y valentía; aún falta mucho tiempo para que la aguja llegue al final de los microsurcos del vinilo, si bien los surcos de la realidad ya se van marcando en nuestros rostros a estas alturas de la audición. ¡Carpe diem!

Microsurcos encantadores

Vinilos
Vinilos

A cuenta del follón éste de las descargas en Internet, me viene a la memoria lo laborioso que era antes adquirir -tampoco hace tanto- productos culturales contemporáneos. Aunque tenía su encanto. De adolescente, procuraba uno ahorrar unas pesetillas para luego ir a buscar -en mi caso en la línea 35 de la EMT que unía Carabanchel Alto con el centro de Madrid- los preciados vinilos a cadenas ya desaparecidas (Discoplay, Madrid Rock…). Años más tarde se acabaron los vinilos, para disgusto de sus defensores, y tuvimos que acostumbrarnos a los cedeses, que nunca tuvieron el encanto de los negros microsurcos. Ahora, caprichos del tiempo, el vinilo vuelve a estar de moda, y curiosamente de la mano de alguna gran distribuidora que en su momento los apartó de sus estantes sin más miramientos, en aras de la modernidad. Vuelta de vinilos al margen, el futuro de la música lleva ya un tiempo entre nosotros: la compra (sí, yo defiendo la compra, mediante sus diferentes modalidades) en Internet,  a un solo clic. No tiene tanto encanto, pero te ahorra tiempo, qué demonios.