Loquimundo

El Cielo de los Tristes
El Cielo de los Tristes

Iba a entrar en la función y le comenté a mi estimado amigo Fernando Sánchez-Cabezudo, el director de la Kubik Fabrik, sin tener ni idea de qué iba el tinglado de la obra El Cielo de los Tristes, «oye, Fernando, esto parece una tela de araña». Yo me refería a los telones plásticos que ocupaban el escenario y al atrevidísimo montaje que uno ve en cuanto penetra en  la sala. Él se limitó a contestarme con misterio y una media sonrisa: «Pues ya verás, ya verás». Y vaya que si vi. O entreví. Porque la  obra, a cargo de la compañía Los Corderos, que para ser corderos tienen mucho de salvajes, es una metáfora, o alegoría existencial, del  loquimundo absurdo en el que vivimos. Una pieza apoyada en el humor ácido y corrosivo que destilan sus dos protagonistas para hablar de la vida y en sus piruetas físicas y verbales, de ese arte de vivir que, como dicen ellos, nunca es fácil ni se aprende rápidamente; y yo diría más: ni se llega a aprender, ni a aprehender. Acaba la obra y te pones a aplaudir sin saber a quién. Porque, al fin y al cabo, todos hacemos malabarismos mentales para seguir sobreviviendo. Y porque aplaudiendo no se sabe si estás aplaudiendo a los actores, o al absurdo de vida que llevamos el común de los mortales a poco que lo pensemos. Es una pieza original e inteligente que merece mucho la pena verse, y luego te da que pensar porque en cuanto sales de la sala te entran unos singulares efectos secundarios que dan que cavilar. Hoy tienen una oportunidad de nuevo para verla (Kubik Fabrik, 20:30). Cuando termina la obra, uno de los dos actores se metamorfosea (o parece metamorfosearse) en… sorpresa. Pero que no iba yo desencaminado con el comentario que le hice a ciegas a Fernando, vaya.

Grandes y pequeños héroes

Nelson Mandela
Nelson Mandela

La muerte de Nelson Mandela ha poblado este viernes los titulares de los medios de comunicación de todo el mundo de homenajes al gran héroe que se ha ido, al combatiente por los derechos humanos, al baluarte de conceptos como igualdad, dignidad y justicia social. Al político que encarnó valores universales y que cobró trascendencia allende las fronteras de su país, Suráfrica. Fue un gran héroe, sin duda, cuyo nombre ha pasado a la Historia con mayúscula. Aunque hay también otro género de héroes, más desconocidos. Yo hace poco tuve oportunidad de conocer a un héroe anónimo, a un médico de la maltrecha sanidad pública que el otro día comentaba cómo la Comunidad de Madrid y otros gobiernos regionales conservadores no dejan operar todo lo que podrían los grandes hospitales y prefieren derivar los pacientes a la privada. Él, a calzón quitado, reconocía que el Gobierno del PP lo que busca es hacer caja con los derechos de tod@s, y que luego no es casualidad que más de un consejero acabe trabajando en las empresas privadas que reciben estos jugosos beneficios. En fin, lo que todos sabemos, pero explicado así cuando uno habla con reputados profesionales de la sanidad pública cobra una fuerza aterradora. Y de esta manera ocurre que, por ejemplo, los implantes que se ponen en la sanidad privada no son, ni de lejos, de la calidad de los que se emplean en la pública, porque ya se sabe que donde prima el beneficio, no se busca precisamente el beneficio del paciente, sino el de la cuenta de resultados. Esta es la políca del PP: descremar lo público para que otros se beneficien. Y si quiere usted educación, que se la pague; y si quiere sanidad, que se la pague también, porque la tesis de los conservadores es que ni la educación, ni la sanidad de calidad deben estar por igual al alcance de todo el mundo. Para el médico del que hablo, justicia social es algo tan elemental como que una abuelita de un barrio obrero reciba el mismo tratamiento médico que el rey -que, por cierto, se podía haber operado perfectamente en la sanidad pública-; eso es justicia social. En el Día de la Constitución no está de más hablar de conceptos, como el de justicia social, que se están poniendo en riesgo, y por los que hay muchos grandes héroes que han peleado, y muchos pequeños héroes que siguen peleando por los valores que Mandela encarnó. Por todos ellos, por la justicia social, va el Nkosi Sikeleli, el himno nacional surafricano.

Garrotazo y tentetieso

Mejor esta porra que la porra represiva que busca el PP
La única porra que merece la pena

Siguiendo la cosa de ayer sobre nuestro Gobierno, ¿qué se puede esperar de un gabinete que en lugar de garantizar derechos da prioridad a su represión mediante la nueva ley de seguridad ciudadana que tienen en el caletre? Ya es duro que te recorten, y ahora encima te quieren reprimir. Yo conozco gente que lo está pasando verdaderamente mal y no queman contenedores, ni linchan a nadie; ni siquiera incendian bancos, que es lo que parece que el Ejecutivo está insinuando que quiere parar con esta nueva contrarreforma. Quiero decir: bastante tranquilo está el personal, con la que está cayendo, para la que se podría montar si estuviéramos en cualquier otra nación europea. En definitiva, que lo que parece pretender el Ejecutivo conservador es poner freno a nuestros derechos y libertades, como la protesta pacífica, estableciendo multas (administrativas) para conductas que la Justicia no ha considerado delito. Los primeros titulares que se conocieron después de que el Consejo de Ministros diera luz verde el pasado viernes al anteproyecto de la denominada Ley de Seguridad Ciudadana causan mucho miedo (y eso que el Gobierno, después de la que se montó la semana pasada, dijera haber suavizado la norma): Multas de hasta 30.000 euros por pancartas ‘ofensivas’ con España (El País), Otra vuelta de tuerca: los vigilantes privados podrán identificar y detener en plena calle (El Confidencial), El Gobierno prepara multas de hasta 30.000 euros para los que paralicen un desahucio (eldiario.es), Concentraciones como las del 13-M ante la sede del PP serán multadas con hasta 600.000 euros (Infolibre)… Mala cosa. La protesta es lo único que le queda a mucha gente, y un Gobierno democrático debería entender que una manifestación no es una alteración del orden público, ni un contratiempo, sino un derecho que asiste a ciudadan@s que no se resignan a quedarse quietos. Este asunto tiene la virtud de que la derecha empieza a quitarse la careta; la misma derecha que controla la inmigración mediante cuchillas, la que quiere restringir el derecho el aborto (próximamente en la pantalla), la que insinúa recortes en la regulación de la huelga y los servicios mínimos… La derecha del garrotazo y tentetieso.