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Archivo de la categoría: Comunicación

Posts relacionados con los medios de comunicación

Aquí no triunfamos todos

Ofrenda floral en Canaletas

Ofrenda floral en Canaletas

La raya entre información y espectáculo está en peligro de desaparición, si no extinta ya. Cuesta cada vez más que esa frontera tan delicada se respete, y todo vale si sube la audiencia y los anunciantes engordan las cuentas de las cadenas. Determinados medios convierten la realidad en un circo y luego se quejan amargamente de ese circo al que ellos tanto contribuyen. Hace unas semanas recuerdo haber escuchado a una locutora ensalzar el esfuerzo informativo –sin duda encomiable– que habían hecho en su medio de los atentados de Cataluña sucedidos días antes. Hasta ahí, bien. El asunto se complicó cuando, llevada de tanta loa, ella y otra periodista que estaba informando desde uno de los escenarios de estos sucesos se echaron tantas flores que la primera se vino arriba y zanjó la escalada de almíbar con un escalofriante “bueno, compañera, aquí triunfamos todos”. Pues no: todos, lo que se dice todos, no. No triunfan ni las víctimas, ni sus familiares, ni los heridos, ni todas las personas aterrorizadas por tanto mal. No puede valer todo en los medios, aunque ese sea el modelo cada vez más dominante. No hay que olvidarse del que sufre. Mala cosa si los medios pierden la perspectiva de la sociedad a la que deben servir.

 
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Publicado por en 14 septiembre 2017 en Actualidad, Comunicación

 

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Unas letras para Vaqueiro

Ángel Vaqueiro

Ángel Vaqueiro

Cuesta mucho escribir en pasado de una persona que siento tan presente. La noticia del fallecimiento del periodista Ángel Vaqueiro, mi exjefe, mi compañero, mi amigo, es de los peores titulares que podía encontrarme en el periódico en el que pasé varios años de mi vida, El Progreso, de Lugo. De Vaqueiro recuerdo su profesionalidad, su bonhomía, su retranca tan singular, su saber hacer, su dulzura. Vaqueiro tenía la paciencia y la generosidad de acogernos a todos los jóvenes periodistas que íbamos llegando al periódico, y de trasladarnos su saber y su experiencia. Él era apenas unos años mayor que los recién llegados, pero tenía un aura de maestro de periodistas aunque no lo quisiera y posiblemente me hubiera reñido cariñosamente si se lo hubiera dicho a la cara en lugar de escribirlo con tristeza hoy aquí. Vaqueiro siempre tenía una palabra amable, siempre una sonrisa, siempre una mano tendida y dispuesta a ayudar. Recuerdo muchos ratos vividos con él, muchas risas, muchos buenos momentos y momentos menos buenos pero que él sabía sobrellevar con su humor y torear con su retranca. Hace muchos años ya que me fui de Lugo, pero he ido sacando tiempo para echarle un ojo a la versión digital de El Progreso, que él llegó a dirigir, y a su blog Letras Vaqueiras, en donde plasmaba lo bien que escribía y lo acertadamente que describía desde su óptica tan personal todo lo que le rodeaba, ya fuera más o menos lejano, porque nada le era ajeno a Ángel Vaqueiro. No me olvidé de su presencia, a pesar del tiempo y de la ineludible distancia. Solo tenía 54 años. La noticia de su muerte ha desatado un eco amplio de dolor que no es de extrañar, porque no creo que haya nadie que haya tratado a Vaqueiro que no se pueda sentir conmovido por esta pérdida. Vaqueiro fue, es y será. Cuesta mucho escribir en pasado de una persona que noto tan presente, y cuyos recuerdos forman parte del mejor futuro.

 
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Publicado por en 17 agosto 2016 en Actualidad, Comunicación

 

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Muerte de un quiosco

Un quiosco de prensa, en Madrid

Un quiosco de prensa, en Madrid

Pues se acaba el año 2012 y termina con una mala noticia: el quiosco de prensa del barrio donde vivo desaparece hoy para siempre. Sí, sé que es una tontada al lado de la cantidad de grandes calamidades que nos afligen, pero, oigan, a mí me da tristeza. Porque reparo en que en los barrios obreros de Madrid, que son los que sostienen el alma de esta gran ciudad, van desapareciendo poco a poco estos establecimientos que antes eran tan habituales, como los olmos que acabaron muriendo víctimas de grafiosis en los últimos años. Pienso en la lenta y silenciosa desaparición de los quioscos que con frecuencia habían sido un modesto, pero importante, foco de influencia cultural en barrios madrileños tan privados a menudo de servicios, cuando no existía la Internet ni nada que se le pareciera, con aquellos quiosqueros con los que comentar las noticias e intentar enderezar la realidad tras un vistazo rápido a las portadas de las publicaciones. Recuerdo, de temprano adolescente, la ilusión que me hacía ir a buscar solo, sin compañía de mis padres, el periódico de los domingos al quiosco de Carabanchel Alto donde me crié: esa sensación de libertad de ir al encuentro del ejemplar impreso de El País y volver a casa echando un vistazo ansioso a sus páginas. Hubo un quiosquero hace muchos años en Francia que se llevó el premio más insigne de las letras galas, el Goncourt. Pero da igual. Un buen día cierran, al siguiente los desmontan y como prueba de su existencia -en muchos casos estuvieron ahí decenas de años- solo queda la plataforma de hormigón donde se aposentaron, a modo de túmulo funerario. Los periódicos pasan a ser despachados en esas tiendas multiusos que lo mismo te venden peluches como una chuche, sin mayor entusiasmo. Cierran el quiosco de la esquina de mi barrio, en donde todas las mañanas compraba mi barra de pan, mi periódico, antes de que me engullera la boca de Metro que está justo al lado y que me conduce por sus entrañas hasta escupirme cerca de mi trabajo. Sí, es una tontada, pero me da pena, porque es también una señal del declive de los medios impresos, algo doloroso para quienes trabajamos en este negociado de la comunicación. El quiosco que por desgracia tantas malas noticias ha dado en los últimos tiempos se ha convertido él mismo en noticia y ha acabado pereciendo en estos días oscuros para la prensa (con los propios periódicos en papel con un futuro incierto). Ojalá en 2013 volviera a resurgir y a abrir sus puertas, pero me temo que no será así y que lo añoraré, como el tocón de un olmo muerto por grafiosis evoca un tronco y unas ramas desaparecidas para siempre.

PD.- Este humilde blog, según me cuenta WordPress, ha tenido casi ocho mil visitas en 2012, durante el cual escribí un centenar de posts. Faktuna, cuyo nombre surgió de una idea de mi hija, acumula casi 29.000 visitas en sus tres años de existencia. Gracias a todo@s los que me seguís: a tod@s os deseo que en 2013 comencemos a ver un poquito de luz y que la cosa vaya lo mejor posible. ¡Feliz año nuevo!

 

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