Somatizando

Pop Party
Pop Party

«Doctora, tiendo a somatizar los males, a transformar problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria. Hace muchos años regenté durante un tiempo una panadería y me venía muy bien el negocio aquel para evitarme males mayores, porque, cuando tenía grandes comecomes, me ponía a hacer unos panes, mezclaba harina, agua, levadura y mis penas, encendía el horno… y las preocupaciones volaban lejos en forma de olorosas y apetitosas volutas de humo panificado, para reposo de mis carnes. Lo que ocurría, doctora, es que la clientela acababa un poco desnortada cuando comía mi pan y el negocio quebró. Desde entonces tengo que volver a engullir yo mismo las desazones y los males, sin horno que me alivie. Así que tiendo a somatizar en mi cuerpo. Le pongo un ejemplo, doctora: creo que siempre meto la pata últimamente porque estoy predestinado a ello, y me he levantado con sendas torceduras reales en los pies, primero en uno y luego en otro. Ahora ando inquieto porque he amanecido por todo el cuerpo, pero por todo el cuerpo, con unas grandísimas magulladoras de color azul. Esto último no sé si será algo permanente, o pasajero, aunque no tiene pinta de que ese color vaya a desaparecer en un tiempo. Aunque para mi consuelo me repito que siempre después de una marea azul acabará llegando otra roja y mi piel recobrará su tono habitual, seguro que sí, doctora.»

Será de ellos

Televisión
Televisión

«Antes, doctora, solíamos decir, cuando la tele no se veía bien o la radio veía alterada su emisión, «será de ellos», en referencia a que el problema no estaba en el cacharro en sí, sino en la emisión de original, en ellos, en la emisora, en circunstancias exógenas ajenas por completo al aparato y a nuestro salón de estar. Las gentes que vamos teniendo una edad incluso lo seguimos diciendo a estas alturas: «Será de ellos». Se llegaba a esa conclusión tras examinar el aparato, darle unos manotazos y comprobar, con este simple procedimiento científico, que la tele o la radio funcionaban correctamente, con lo que el problema estaba en «ellos», en el origen de la señal audiovisual. A veces en la vida siempre pensamos que las averías son también cosa de ellos, de entes alejados e inasibles, como si no tuviéramos responsabilidad alguna sobre nuestro día a día cotidiano. Y hay cosas que sí, doctora, que son de ellos, que son averías causadas desde fuera, por otros, por ellos, pero otras muchas veces la reparación de lo que hay está al alcance de nuestras manos.»

Cielo e infierno

Bin Laden
Bin Laden

Un gran estruendo («fuerte tormenta con aparato eléctrico», que describiría un clásico) dio paso a una incesante lluvia que golpeteaba con fuerza contra la ventana de mi cuarto, y su sonido me ayudó a que conciliara el sueño en la medianoche del domingo. Mientras, a miles de kilómetros de distancia, otro fuerte estallido seguido del tableteo de los fusiles ametralladores acabó con la vida de Osama Bin Laden, que se precipitó en el infierno del que nunca debió haber salido y cuya vesania originó, entre otras muchas barbaridades, los atentados del 11-M en Madrid. Fue el mismo día en el que otro sujeto, Juan Pablo II, ascendía al cielo como beato, a pesar de que muchos de sus detractores recordaron que no hizo nada para acabar con infiernos como el de la pederastia en la Iglesia. Y a todo esto, usted y yo durmiendos tan plácidos y tan inocentes, en el mismo día en el que tanto trajín hubo en el cielo y en el infierno. Dios, qué raro es todo.