Memoria contra el horror

Memoria
Memoria

Se aproxima un año más el 27 de enero, declarado por el Gobierno de España, siguiendo lo acordado en la la Asamblea General de las Naciones Unidas, como Día Oficial de la Memoria del Holocausto y Prevención de los Crímenes contra la Humanidad. Jornada de repudio contra cualquier genocidio y crímenes contra la humanidad que se puedan producir. Jornada también de rechazo a toda negación del holocausto como hecho histórico. El holocausto, o shoah, fue la culminación pavorosa de siglos de persecución contra los judíos, cuya presencia en la Península Ibérica había sido tan importante en nuestra historia. El holocausto promovido por el régimen nazi se llevó por delante la vida de seis millones de judíos, pero represalió con igual crudeza a otras minorías como gitanos, homosexuales o lesbianas. Por muchos de nosotr@s, los españoles de hoy, aunque no lo sepamos, corre sangre de los judíos de ayer: de que no nos olvidemos de este legado se encargan instituciones como Casa Sefarad, que, por cierto, acaba de estrenar unas nuevas instalaciones en plena calle Mayor de Madrid que bien merecen una visita para todos los amantes de la cultura sefardita, que a fuer de ser expulsada de España se convirtió en universal.

Casement, ansia de libertad

Roger Casement
Roger Casement

La historia de Roger Casement que describe Mario Vargas Llosa en su última novela, El sueño del celta (Alfaguara, 2010), es el relato del ansia de libertad que debería impulsar a todo ser humano. Casement (Sandycove, Irlanda, 1864 – Londres, UK, 1916) llevó una vida intensa y poliédrica. Como cónsul británico, se hizo famoso por la valentía de los informes que escribió para denunciar la barbarie occidental en la salvaje explotación de los nativos del Congo y del Putumayo (Perú). Fue uno de los europeos pioneros en denunciar la maldad del colonialismo y en reivindicar los derechos humanos de cualquier persona. Ese afán de denuncia le llevó a militar activamente en la causa del nacionalismo irlandés, hasta el punto de buscar el apoyo de Alemania para los independentistas del Eire. Esto último fue lo que le condujo a la justicia británcia, que le mandó ejecutar y le convirtió así en un héroe para los revolucionarios irlandeses. Casement conoció lo peor y lo mejor del alma humana, y él mismo sufrió intensamente, como revela esta gran novela de Vargas Llosa, por su condición homosexual. Casement murió por liberar a los demás y posiblemente él nunca se liberó a sí mismo. Como escribe el Nobel peruano, «un héroe y un mártir no es un prototipo abstracto ni un dechado de perfecciones sino un ser humano, hecho de contradicciones y contrastes, debilidades y grandezas (…)». Fue un hombre valiente y arrojado, y atormentado también, que pretendía serrar los barrotes que veía en otras vidas y que acabaron con la suya propia.

Añil, verde y blanco

Colores manchegos, en Almagro
Colores manchegos

Comencé el año en La Mancha. Recorriendo las llanuras manchegas, tan subyugantes, alternando del cereal al viñedo, del páramo aparente -pero lleno de vida- a los inmensos humedales de Las Tablas de Daimiel, que se asemejan a un espejismo, uno de los mayores espectáculos que se puede encontrar en el medio de la península. Un mar en el medio de Castilla. Son tierras aún hoy en día muy desconocidas para muchas gentes, que bien merecen muchas visitas. Sumergirse en su intenso cielo azul, que se ve reflejado en el añil que colorea muchas edificaciones rurales que salpican sus verdes campos. Reconfortar el cuerpo con sus platos tan sencillos y tan deliciosos, sus asadillos, pistos, duelos y quebrantos, migas, su vino, las berenjenas de Almagro, el queso manchego: sin duda, el mejor queso del mundo. Es la tierra de mi padre, manchego de Ciudad Real. Las mismas tierras que vieron pasar a don Quijote y a Sancho, protagonistas de una novela que, como siempre me recuerda mi mujer, no es sino la más hermosa historia de amistad entre dos almas tan dispares que se puede encontrar en la literatura universal. Conocer La Mancha es enamorarse de ella.