Querida i griega

I griega
I griega

Cuentan los periódicos que la nueva Ortografía de la Real Academia Española pretende que la penúltima y entrañable letra del alfabeto que aprendimos en nuestra infancia pase a llamarse «ye» en lugar de «i griega». Si esto es así, yo no sé si me voy a acostumbrar. Son muchos años con ella como para llamarla ahora de otra forma. La i griega de ya, de yacer, de yacimiento, de yanqui, de yantar, de tantos nombres asiáticos, de tantas palabras latinoamericanas de exóticas resonancias, de yegua, de yelmo, de yema, de yerto, de yesca, de yeso, de ¡yeti!, de yodo, de yoga, de yugo, de yugular, de yunta, de yo… La i griega está en la identidad de nuestro idioma. Lo que más me gusta de esta i es que liga conceptos, y en eso nos recuerda su procedencia griega, origen del mundo contemporáneo y de la democracia: igualdad y libertad. También democracia y derecho a la información: no existe una sin la otra, y es justo lo que Marruecos está impidiendo a toda costa con la revuelta saharaui y con su bloqueo informativo.

La llama

Llama
Llama

La vida, ese misterioso tránsito entre lo visible y lo invisible, que viene a describir el poeta Antonio Gamoneda en Arden las pérdidas (2003). La distancia que media entre el nacimiento y la muerte; «el olvido que seremos», como se titula el estremecedor libro que el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince publicó en 2007 para revivir la figura de su padre, asesinado por paramilitares de su país, tomando el título de un poema atribuido a Borges. La vida de todos, que se va extinguiendo conforme pasan los días; cada día que pasa es un día menos por vivir, aunque la llama de algunos nos siga siempre iluminando el camino. Carpe diem.

¿Debería hacerlo?

Mad Men
Mad Men
Algún compañero de trabajo (;-) llega ojeroso al tajo, con las pestañas pegadas, sin dormir, con la cabeza llena de tramas. Mi mujer también está enganchada y saca tiempo de donde sea para ponerse al día con capítulos atrasados. Y yo, reconociendo mi ignorancia y temiendo lo que pueda pasar (porque tengo una naturaleza adictiva), ¿qué hago? Dicen que se inspira en el cine clásico norteamericano, que tiene una pegada impactante, una factura que supera con creces cualquier película contemporánea. Leo que «está ambientada en Nueva York durante los años 60, que gira alrededor del conflictivo y competitivo mundo de la publicidad, y sigue las historias de los hombres y mujeres que trabajan en la agencia Sterling Cooper, quienes hacen de vender un arte y cuyas vidas son movidas por sus egos». La verdad es que un día vi un cachito de nada y me picó el gusanillo. ¿Qué hago? ¿Me engancho -con considerable retraso, lo sé- a Mad Men? En Amazon venden un pack muy apañado de las primeras temporadas, con la versión original en inglés y subtítulos también en el mismo idioma. Ah, por cierto, ¿todavía no son clientes de Amazon? Pues al loro, que esto también engancha (sobre todo cuando compras discos, libros y otros productos con precios hasta un 40% más bajos que en España, con unos gastos de envío mínimos y una seriedad contrastada).