Working class hero

John Lennon
John Lennon

John Lennon vuelve a estar de plena actualidad (¿han dejado alguna vez los Beatles de estarlo?) con motivo del lanzamiento de la edición remasterizada de sus discos a propósito de los 70 años de su nacimiento. El beatle considerado por algunos como el más rebelde y creativo, el más visionario e izquierdista, nunca llegó a cumplir esa edad, ni siquiera llegó a los 64 que cantaba McCartney en la célebre When I’m Sitxty-Four. Su vida la truncaron los disparos de un loco una fría noche de diciembre de 1980, cuyo nombre ni siquiera merece ser recordado. Entonces murió el hombre y nació el mito, quizá a su pesar, al menos si se repara en el estilo de vida que Lennon había elegido en esos años finales. Porque somos los demás los que construimos los mitos. Leyendo las vidas de los Beatles (como las que narra Hunter Davies en la biografía autorizada del grupo) se descubre a un grupo de humildes chavales de barrio con sus grandezas, sus miserias y sus debilidades, como cualquier hijo de vecino. Unos músicos que con talento, inteligencia, tesón y fuerza de voluntad subieron a la cresta de la ola y se convirtieron en el grupo de rock más grande del mundo, con una influencia que trascendió su separación hace ya más de cuarenta años.

Corazón a la izquierda

Tony Judt
Tony Judt

Acaba de caer en el otoño literario una hoja de gran interés y porte: la traducción al español del último libro que pudo completar el historiador británico Tony Judt, aquejado de una grave enfermedad degenerativa que acabó con su vida este pasado verano. La obra fue publicada a principios de 2010 por The Penguin Press en su original inglés (Ill fares the land), y ha llegado a las librerías españolas bajo el título Algo va mal, editada por Taurus después de haber recibido valoraciones de autores como Antonio Muñoz Molina, que describió el libro como «un elogio de la socialdemocracia». Judt, muerto a los 62 años de edad, realiza en este librito un vibrante alegato moral que se convierte en un manifiesto progresista, como bien dice Muñoz Molina, «una vindicación de la legitimidad de lo público y de lo universal como valores de la izquierda en una época en la que sólo lo privado y particular parece respetable o peor aún, eficiente y moderno».  A lo largo de las poco más de doscientas páginas de este libro, Judt recuerda los grandes logros que para el desarrollo humano trajeron las políticas socialdemócratas enfocadas a combatir las desigualdades y asentar un estado del Bienestar, «el consenso socialdemócrata», como él lo llama, y recuerda que gracias a lo público disfrutamos de escuelas, sanidad, pensiones o infraestructuras como derechos ciudadanos.  Este manifiesto de Judt carga contra la derecha que pretende desmantelar espacios públicos, pero lanza también una advertencia a los partidos de izquierda. Es un texto comprometido y una lectura muy recomendable para tod@s aquellos que sientan el corazón a la izquierda.

Hasta siempre, Labordeta

Labordeta
Labordeta

Qué difícil es encarnar tantas voces y hacerlas todas bien, sin caer en el artificio, ni en la impostura, sabiendo a la vez que encarnas las voces de esperanza y libertad de tantas gentes. Pero así fue la vida del aragonés José Antonio Labordeta, fallecido este fin de semana como consecuencia de un cáncer (la larga enfermedad que dicen algunos medios cuando hablan de algún ilustre muerto por un tumor; ¿por qué se sigue empleando un eufemismo tan estúpido, que enmascara una dolencia tan común desde un punto de vista estadístico?). El Labordeta cantautor, escritor, parlamentario, presentador de televisión, con su voz profunda, auténtica y de izquierdas, el hombre bueno que se hizo un hueco en el corazón de los españoles. El tipo entrañable que nos metió en su mochila para darnos otra visión de la piel de toro, y que ganó la simpatía de la mayoría cuando cantaba las verdades del barquero en un Parlamento tan dado al teatrillo. Una anécdota: cuando era más joven, llegó a darle a clase a Federico Jiménez Losantos, en Teruel; ¿como sobreviviría a aquella experiencia? Hasta siempre, Labordeta.