Saludos en gallego

Castro de Baroña
Castro de Baroña

O saúdo hola escríbese en galego sen hache, como as ondas do mar que lamben as rías daquel canto atlántico nun ir e vir permanentes. Que caprichosa é a lingua galega para un castelanfalante. Un exemplo: cambia as cousas de xénero, alborotándoas quizais. Los árboles son as árbores; la miel, o mel; la sal, o sal. Así pois, ¡ola!, amigos e amigas de Lugo, de El Progreso -querid@s compañeir@s-, de Santiago, de A Coruña… Marchei hai anos pedindo que a vida vos fose grata; que o tempo non vos ensinase demasiado nin a dentadura, nin as ortodoncias. Espero que na maioría de casos fose así; noutros xa sei que a vida foi máis inxusta. Sígovos desexando o mellor, que a néboa non vos embace a alma, a pesar das dificultades cotiás, e que o sorriso aflore sempre no voso rostro; que a proa da vosa existencia siga surcando o mar co vento a favor. Unha aperta.

Germen totalitario

La cinta blanca
La cinta blanca

Si tienen tiempo para ir al cine y quieren pasarse dos horas y media aferrados a la silla, mientras a su alrededor cunde el desasosiego por lo que se ve -y no se ve- frente a sus ojos, hay una película ideal estos días en cartel: La cinta blanca (Das weiße Band, The White Ribbon), del director austriaco Michael Haneke, ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes 2009. La obra, rodada en blanco y negro, se sitúa en los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial, en algún lugar de Alemania, y deja entrever el totalitarismo moral de una sociedad enferma que se ceba con los débiles y que dio paso luego a la monstruosidad histórica que fue el nazismo. Deja entrever, porque lo peor es lo que no se ve y que luego sigue bullendo en el interior del espectador cuando abandona la sala, cuando esa cinta blanca que simboliza la pureza y la virtud se ciñe alrededor del cuello de quien la ha visto. Está ambientada en Alemania, sí, pero podría estarla en otros muchos lugares que han padecido horrores semejantes. Suscita muchas preguntas -sobre el yugo de la religión, sobre los planteamientos morales asfixiantes…-, pero no da respuestas. No les dejará indiferentes.

Nunca más

Yasmin Levy
Yasmin Levy

Hoy es 27 de enero, Día de la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad, fecha en la que, en 1945, se liberó el campo de exterminio de Auschwitz (Polonia). Un largo nombre oficial que tiene como objetivo recordar la memoria de las víctimas del genocidio nazi contra los judíos, como mejor vacuna para evitar que algo tan atroz se vuelva a producir: seis millones de asesinatos y el compendio del horror más pavoroso que haya podido producir el ser humano. Una fecha para no olvidar especialmente en esta España, la Sefarad de antaño, en la que tanta presencia tuvieron los judíos hasta su expulsión por un edicto de los Reyes Católicos de 31 de marzo de 1492. Una Sefarad cuya memoria llega hasta nuestros días mediante el esfuerzo que están desempeñando instituciones como Casa Sefarad, y cuyos ecos también nos traen, por ejemplo, las canciones judeoespañolas de una artista contemporánea, Yasmin Levy. Son motivos todos ellos para que este 27 de enero sea, de paso, una invitación a reflexionar sobre nuestro pasado. En este empeño nos pueden ayudar varios libros: Historia de una tragedia. La expulsión de los judíos de España, de Joseph Pérez (Editorial Crítica, 2004); Los judíos de España, de Elie Kedourie (Ed. Crítica, 2000), o Jewish questions. Responsa on sephardic life in the early modern period, de Matt Goldish (Princenton University Press, 2008), un reciente volumen que describe con todo detalle la vida cotidiana de los sefarditas, que mantuvieron viva la memoria de su tierra, la nuestra, que nunca debió dejar de serla.