La forma del agua

Guilermo del Toro
Guilermo del Toro

Si no todo lo que existe es lo que podemos ver y palpar. Si más allá de la envoltura de las cosas existe un universo. Si vivimos en estos tiempos tan tontos en los que solo parece existir aquello que se puede tocar en una pantalla. Si nos ha tocado un tiempo en el que todo es fugaz y nada permanece. Si la vida verdaderamente merecedora de llamarse vida es la que late bajo la farsa y la falsedad. Si podemos querernos aunque seamos diferentes. Si lo diverso y complejo deberían situarse por encima de la uniformidad. Si el amor y la belleza son los únicos antídotos contra la muerte. De todo ello viene a hablar una película maravillosa, La forma del agua. Puede ser que le guste, o puede ser que no. Yo invito a quien vaya a ver esta joya en forma de fabuloso cuento de hadas a dejarse coger de la mano por el director, el inclasificable Guillermo del Toro, a quitarse las gafas de madera y a desconectar el cerebro. A dejarse inundar de magia, a sumergirse en el agua y a recibir un chute de pasión en vena. A mí todavía me dura la emoción.

Aquella rebelión en las aulas

Imagen de la manifestación en el centro de Madrid
Imagen de la manifestación en el centro de Madrid

Han pasado muchos años y es inevitable que cualquier recuerdo de aquellos lejanos tiempos se revista de nostalgia y hasta de emoción. Estábamos en COU, éramos unos críos, y yo era el delegado de mi clase. Corría el curso 86/87, el de las revueltas estudiantiles en demanda de más recursos públicos para la educación. Las manifestaciones quedaron empañadas, para muchos, por aquellas imágenes de aquel sujeto llamado Cojo Manteca, que enturbiaron para la opinión pública el conocimiento de los motivos de aquella protesta, en la que también se cuestionaba la necesidad de una Selectividad que finalmente se acabó implantando. Yo ya no me acuerdo de los detalles exactos de la protesta, que posiblemente se desmadró, pero sí recuerdo el frenesí y la agitación adolescente de aquellos días en las clases. Me ha ayudado a refrescar la memoria un estupendo documental de TVE emitido recientemente dentro de su espacio Ochéntame otra vez, Rebelión en las aulas, en el que habla, entre otros, mi compañera y amiga la periodista Lourdes Camino. Lourdes cubrió aquellos eventos cuando era apenas más mayor que los chavales que los protagonizaban. “Que los chavales”, he escrito… Ay. Viendo esas imágenes se ven a los dirigentes políticos de la época, que eran tan jóvenes también y que llevaron las riendas un cambio político que modernizó nuestra democracia, con sus aciertos y sus errores, como cualquier empresa humana. El documental cuenta todos los avances que, mediante el acuerdo y la negociación entre las partes, y dejando Cojos Mantecas al margen, se consiguieron para la enseñanza de todos. Cómo pasa el tiempo. Qué emocionante documental. Será, posiblemente, que me estoy haciendo mayor.

Adiós, querido Gonzalo

Gonzalo López Alba
Gonzalo López Alba

La nieve, que ayer envolvió en un lienzo blanco la ciudad, ha casi que desaparecido hoy de las calles de la urbe. Solo quedan algunos montoncitos, arremolinados, apelotonados en algún parabrisas o al pie de un árbol. Nieve ya sucia y que pronto desaparecerá, como si fueran retales raídos y ajados de la sábana blanca que cubrió la villa. Ayer, en la ciudad tan blanca después de tantos años de ausencia de nevadas, una noticia nos sembró a muchos el ánimo de negro: la muerte del querido maestro de periodistas y escritor Gonzalo López Alba, tan injusta y tan temprana, al que conocí, admiré y traté durante muchísimos años. Mi ánimo se turbó, como el de tantos que le conocimos, y me dejó con ganas de no hacer nada para el resto de este triste lunes, pero al final me animé a ir a ver una película que es un reconocimiento al periodismo con letras capitales, la magnífica Los archivos del Pentágono, un homenaje al Periodismo al que Gonzalo perteneció y del que fue maestro. Hasta siempre, querido amigo.