Videojuegos

Policías, en Londres
Londres

¿Qué está pasando? ¿Por qué hordas de jóvenes saquean, queman y revientan por las costuras la ciudad de Londres y otras localidades del Reino Unido? Son disturbios con aroma de videojuego, con la estética de destrucción nihilista que ambienta estos entretenimientos de los adolescentes (también de los españoles). La mecha parece haberla prendido la muerte de un joven a manos de la Policía, pero el trasfondo de este asunto es más complicado: tensiones raciales, pobreza, desarraigo social, ansia de violencia por la violencia… Jóvenes que quizá confunden la vida con un videojuego. Pero no valen los análisis simplistas: la política debe también preguntarse por qué se suceden estos conflictos. No es tolerable tanta violencia, aunque habría que ir al fondo del asunto. El diario británico The Guardian apunta algunas claves para tener una foto de conjunto, más allá de las llamaradas, en un artículo que merece la pena leer, en el cual recuerda que Reino Unido es hoy un país en el cual «el 10% más rico es ahora 100 veces más rico que los más pobres, donde el consumismo afianzado sobre el endeudamiento personal ha sido incentivado durante años como la solución para una economía vacilante y donde, según la OCDE, la movilidad social es peor que en cualquier otro país desarrollado». Adolescentes asaltando almacenes para llevarse reproductores de vídeo, televisores, ordenadores… como para procurarse un futuro cobijo para su realidad de videojuego. Pero la vida no lo es, y refugiarse en un videojuego es cerrar los ojos a un futuro que estos jóvenes no parecen encontrar. Game over.

Quiebra moral

Somalia
Somalia

Mientras Occidente se afana porque sus sistemas financieros no se vayan al cuerno a cuenta del ataque de especuladores sin fronteras, la vida de millones de personas está en peligro -no ha dejado de estarlo- en el Cuerno de África. Los especialistas se ufanan de que en Estados Unidos no se haya producido la temida quiebra financiera. La otra quiebra, la moral, ya se ha producido, aunque todos podemos poner un pequeño granito de arena para contenerla. Unicef explica que «más de medio millón de niños está en riesgo inminente de muerte debido a la desnutrición aguda. En Somalia, Etiopía y Kenia se estima que 2,3 millones de niños sufren desnutrición aguda. Cerca de 11 millones de personas están en riesgo ante esta situación. Naciones Unidas ha declarado el estado de hambruna en Somalia, donde las tasas de desnutrición ya superan el 80% en las zonas del sur». Actúa y únete para remediar la situación. Combate la quiebra moral, el abandono de Occidente hacia la situación de millones de personas. Los especuladores del mundo no lo van a hacer por ti.

Imágenes mezcladas

Cámara
Cámara

«Doctora, encontré en el banco de un centro deportivo una cámara de fotos olvidada, metida en su funda. Nunca quise quedarme con ella, pero antes de devolverla no pude resistirme a echar un vistazo a las fotos acumuladas en su interior. La curiosidad y el deseo de echarle un ojo a la vida de al de al lado es un deseo invencible, y por eso triunfan estas cosas de las redes sociales. Podría decir que las fotos de la cámara aquella estaban divididas en dos mundos: aparecían por un lado rostros y gentes de otros lugares; inmigrantes trabajando en España, sin duda. En otro estaban retratadas gentes pudientes de un hogar acomodado con aspecto de estar enclavado en una zona pija de la ciudad, a quienes los primeros parecían servir. Había incluso un tercer grupo de fotos en las que ambas realidades estaban mezcladas: imágenes de momentos compartidos, de niños españoles de clase bien con sus cuidadores extranjeros. Quizá eran fotos que los dueños de la cámara habían hecho para enviar a parientes del otro lado del océano, para enseñarles dónde viven, a qué se dedican, a quién sirven. Cuando salí del complejo deportivo, deposité la cámara en el control de acceso, con la confianza de que los dueños de las realidades retratadas en la memoria de las fotos se reencuentren con el aparato que las inmortalizó. Mientras estuve cotilleando las fotos, una cámara de seguridad del recinto me grabó, y fui observado por el guardia de seguridad al que luego entregué la cámara encontrada. Y escribí esto que quizá nunca vayan a leer los pijos retratados en las fotos, o sus sirvientes, y que ahora le estoy contando, doctora.»