¡Extínganse, pero ya!

Huevos de Pascua
Huevos de Pascua

Pasó la Pascua de Resurrección y hay que retornar a la rutina, con sus ingredientes habituales y cotidianos. Entes que no deberían resucitar jamás y que no acaban de desaparecer: ETA, la represión en Siria, la tiranía de Gadafi. ¿Por qué no se marchan para siempre? ¡Extínganse de una maldita vez! (hay que estar ciego, o loco, o ambas cosas, para no hacerlo). Por otra parte se topa uno con entes que reviven al calor electoral: el uso que el PP hace de la lucha contra el terrorismo, un material tan delicado que debería quedar fuera de la trifulca política, pero que los conservadores (encarnados en su sector más ultra) se empeñan en utilizar una y otra vez, una y otra vez, con tal de arañar unos votos. Con los muertos no se debe jugar.

Un relato

Lluvia
Lluvia

Si «en el principio era el verbo y el verbo era Dios», debe de querer decir que la fuente de todo está en un relato, real o imaginado. El poder de las palabras que cambian nuestras vidas, la historia de un hombre que existió, o no, resucitado, o no, hace dos mil años, que transformó la historia del mundo, y al que muchos hoy siguen adorando a través de los relatos bíblicos. La historia de cualquier hombre, con sus sueños realizados y frustraciones por lo que nunca se atreven a realizar. Hay un personaje de la última novela de Paul Auster, Sunset Park, que desea «escribir un ensayo sobre las cosas que no ocurren, las vidas que no se han vivido, las guerras que no se han librado, los mundos en la sombra que corren paralelos al mundo que tomamos por real, lo que no se ha dicho y no se ha hecho, lo que no se recuerda». Frustraciones eternas y frustraciones más terrenales, como ésta: ¿por qué (casi) siempre diluvia en Semana Santa?, ¿es el dios de los cristianos el dios de la lluvia? Este sí que es un misterio por resolver.

Gustirrinín

Monumento
Monumento

Las ciudades están llenas de estatuas de caballos con pintorescos seres a cuestas: a veces son generales, a veces príncipes, a veces reyes. Al revés no suele ocurrir: «Monumento dedicado al jamelgo que tuvo que soportar el maloliento culo del patán aquel que amargó a su pueblo». También hay otros monumentos dedicados a valerosos soldados o a adustos próceres. Casi siempre son hombres los homenajeados. Pero no abundan monumentos dedicadas a cosas más próximas, a inventos cercanos: un monumento, por ejemplo, dedicado a quien tuvo la genial idea de cuajar unos huevos y unas patatas en un cacharro de cocina para crear la tortilla española, u otro para alabar a la madre naturaleza que creó en nuestro cuerpo las terminales nerviosas que dan gustirrinín a los diversos sentidos, incluso otro más «a la memoria de aquellos que dedican su vida a hacer felices a los demás y no a joder la marrana». Estos últimos serían unos monumentos de diseño más complicado, sin duda, pero que también despertarían una general admiración ciudadana.