Los analógicos dan ejemplo

Protesta de pensionistas
Protesta de pensionistas

La España real, la de los pensionistas que han visto un incremento ridículo de sus jubilaciones después de tener que sostener en muchos casos a sus parientes en esta crisis atroz, sale a la calle. Sale con sus arrugas, sus achaques, su experiencia de vida, sus ganas de protestar. Están siendo miles en toda España. Salen y dan un ejemplo, porque otros muchos compatriotas que tendrían motivos para hacerlo –los del precariado, los castigados por condiciones laborales indignas en esta economía digital, los que sufren incrementos desmedidos de  los precios de la vivienda y en alquiler, los golpeados por la desigualdad…- se agitan en las redes sociales y en las conversaciones de bar, pero apenas hacen nada más. Los representantes de la vida analógica tal vez estén dando una lección a los digitales. A ver qué pasa en la siguiente pantalla.

Lluvia y palabras

Chove miudiño
Chove miudiño

A ver cuánto más puede seguir lloviendo sin parar, que a los de la Meseta de tanta sequía se nos habían olvidado las múltiples y caprichosas maneras que el agua elige para caer del cielo. Igual se tira lloviendo «cuatro años, once meses y dos días», como en el Macondo de Cien Años de Soledad de García Márquez. ¿Y si esta lluvia incesante se sustituyera por un diluvio de palabras, palabras, palabras? “Palabras, palabras, palabras”, como el Hamlet de Shakespeare. Una catarata de sílabas desparramándose por las azoteas y resbalando por los tejados. Lluvia y palabras, palabras y lluvia. Agua que empapa y fecunda la tierra. Lluvia mansa la de estos días, con algún arrebato más colérico, al menos donde yo lo he sentido. Chove miudiño, diría Rosalía de Castro en uno de sus poemas, describiendo con ternura los fenómenos meteorológicos en aquel país de la lluvia. Palabras que fecundan las mentes. Que siga la lluvia, aunque me haya hecho alguna gotera en casa, que se empape y encharque la tierra, que le provea de nutrientes y alimento para que luego brote una hermosa primavera.

Sociedad de la Opinión

Mil opiniones
Mil opiniones

Los investigadores de las ciencias sociales han ido describiendo los estadios por los que ha ido pasando la especie humana. Uno de las etapas superiores ya imaginada hace décadas fue la de la Sociedad de la información, como un bien esencial que rige todas las actividades del hombre (y de la mujer) contemporáneos, desde que se levanta hasta que se acuesta. De esa Sociedad de la Información hemos pasado ahora a la Sociedad de la Opinión. Ya no importa lo que se cuenta, sino la versión de quien lo cuenta. Las opiniones nos persiguen a todas horas desde las innumerables pantallitas que pululan a nuestro alrededor, convertidas en apéndices de nuestra existencia. Todos obligados a opinar, de lo que sea, en todo momento, con o sin fundamento, en Twitter, en los blogs, en Facebook. En este mismo blog también, claro. La siguiente evolución tal vez sea la de la Sociedad del Hartazgo Con Ansia de Silencio.