Encabronamiento perpetuo

Carmencita
Carmencita

Conozco a un tipo que vive en un país que está dividido en dos o tres partes; no lo sé; nunca se me dio bien la geografía a pesar de tener varios atlas por los estantes. Pero sé que hay pobladores de esta nación, en general muy esparcidos de los valles a las montañas, que viven en un permanente estado de cabreo; mejor dicho, en un encabronamiento perpetuo a cuenta de cualquier asunto, aunque tienen algunas fijaciones: las lenguas cooficiales, el serrrrompelanación, el terrorismo, el tabaco, la familia (tradicional), la crisis, el aborto, los condones, el PSOE, Zapatero, Rubalcaba, el precio de la leche o el número de hebras que vienen en el botecito de azafrán Carmencita. Lo que sea vale para alimentar su crispación, y venga y dale y dale y venga, al derecho y al revés, por detrás y por delante. ¿Hay problemas? Por supuesto. ¿Quiere usted arrimar el hombro para ver si salimos todos juntos en vez de quejarse tanto? Hombre, hasta ahí podíamos llegar. Cuanto peor, mejor. Y luego hay otra parte cansada de escuchar este encabronamiento permanente, que a los primeros les permite avanzar, qué duda cabe. Y luego hay otra parte… Y otra… Y otra… España es un Estado, claro, y también es un estado de ánimo.

25 años sin Tierno

Tierno Galván
Tierno Galván

Escribí esto hace un año y lo reitero ahora, cuando se cumplen 25 años de la muerte de Enrique Tierno Galván, uno de los mejores alcaldes que ha tenido la ciudad de Madrid, y se prepara un programa especial de actos por la efeméride: «Se fue rodeado del afecto de miles de personas que convirtieron su sepelio en una sobrecogedora manifestación de duelo popular tras la recuperación de la democracia. Gobernó Madrid desde la izquierda; le sacudió la caspa acumulada por tantos años de dictadura, en plena movida madrileña. Le devolvió el orgullo de ser una extraordinaria capital, sin olvidarse de los barrios, como el mío natal de Carabanchel Alto, a los que dotó de alumbrado, asfalto, parques, centros culturales y educativos. Sí, cosas que ahora parece que llevan toda la vida con nosotros, pero que eran una utopía cuando muchas de estas barriadas de aluvión crecieron sin planificación alguna durante el desarrollismo franquista. Planteó su cargo con socarronería y proximidad ciudadana; era frecuente verle en fiestas y celebraciones de la periferia de la villa, en inauguraciones como la de la biblioteca de Carabanchel Alto, que decoró sus muros con una de sus sentencias: A la igualdad por la cultura. Me acuerdo dal adolescente conmovido que vio pasar su coche fúnebre por la Puerta de Alcalá y que, tras decirle hasta siempre, se fue con unos colegas a tomar unas litronas y a recordarle a los Jardines de Sabatini. Cuánto se te añora, querido viejo profesor, querido Enrique Tierno Galván.»

¿Y si…

Tunisie libre
Tunisie libre

… la revolución cívica que ha expulsado de Túnez al tirano Ben Alí se extiende como una mancha de aceite por todos los países árabes que bordean el Mediterráneo y llegan más allá? ¿Y si cunde el ejemplo tunecino y se acaban estableciendo en todos ellos democracias modernas, avanzadas, representativas, equiparables a Occidente, laicas, que destinen todas sus riquezas y recursos al desarrollo de sus sociedades, que garanticen los derechos humanos básicos y la igualdad de las mujeres? Esa sí que sería una fabulosa transformación para esta recién comenzada segunda década del siglo XXI.