Muro de oprobio

Guerra Civil
Guerra Civil

El Ministerio de Cultura ha lanzado el Portal de Víctimas de la Guerra Civil y Represaliados del Franquismo, «un auténtico Memorial virtual que recogerá los nombres y datos personales de todos aquellos que sufrieron las consecuencias de la Guerra Civil española y la conculcación de los Derechos Humanos desde 1936 hasta 1977, y cuyas referencias se localizan en documentos conservados en la actualidad en archivos estatales españoles», como explica este departamento. El portal, que en el momento de su presentación abarca datos de alrededor de 750.000 personas represaliadas, se centra en las historias de «quienes padecieron expresiones de violencia personal, represión, depuraciones, injusticias y agravios por motivos políticos, ideológicos, religiosos o de otra índole, tanto de los que no eran afines al Movimiento Nacional, como de quienes tampoco lo eran con el Gobierno republicano legalmente constituido». Con la difusión de esta información, «el Ministerio de Cultura prosigue con el desarrollo y aplicación de la Ley de Memoria Histórica que, además de crear el Centro Documental de la Memoria Histórica, establece la necesidad de poner en marcha políticas públicas dirigidas al conocimiento de nuestra historia y al fomento de la memoria democrática. La iniciativa constituye también una invitación a la colaboración con todas aquellas instituciones públicas y privadas interesadas e implicadas en la recuperación de la Memoria Histórica y la reparación a las víctimas y a sus familiares». La única pega que le pongo a este portal es que sea demasiado estático y que carezca de algunas herramientas más potentes de interactuación en la era del 2.0, auque supongo que todo se andará.

Israel

Amos Oz
Amos Oz

«A Antonio. Espero verte aquí en Tel Aviv un día. Saludos y abrazos. David Broza No soy amigo de autógrafos ni de esta clase de cosas, pero una buena compañera de gabinete, de visita de trabajo hace un año en Israel, me trajo éste del conocido cantautor contemporáneo hebreo, con quien coincidió en unas jornadas. Pienso en Broza y en otros autores israelitas que -como tantas cosas- me ha descubierto mi mujer, Sonia. Pienso en la obra profundamente humana de Broza, de David Grossman, de Abraham B. Yehoshúa, de Amos Oz… Pienso en todos ellos y me imagino que estarán horrorizados ante la última y execrable barbaridad del Gobierno derechista que les rige: el ataque a una escuadrilla de barcos con ayuda humanitaria para Palestina, que se ha saldado con un número indeterminado de muertos civiles. Yo defiendo la existencia del estado de Israel, que quede claro, pero de un Israel en paz con sus vecinos, libre también de amenazas para su existencia (es significativo el odio a lo judío que sigue existiendo en España), y que sea noticia por sus muchos avances en distintos campos,  y no por machacar al prójimo. La pasada semana, sin ir más lejos, me presentaban una innovadora aplicación informática desarrollada por una empresa española con un socio… israelí. ¿Cuándo será ese país noticia por tales asuntos, y no por repartir palos a diestro y siniestro? ¿Es tan difícil? Porque de lo contrario se me hace difícil ir a Tel Aviv a conocer a Broza.

Página impar

Periódico
Periódico

La crisis económica golpea con especial crudeza a los medios de comunicación, especialmente a la prensa escrita (periódicos y revistas). En pos de la publicidad, estos medios ceden, cada vez con mayor frecuencia, sus espacios más visibles a los anunciantes, multiplicando lo que ya venía siendo una tendencia. Es frecuente encontrarse últimas páginas que ya no son contraportadas, sino anuncios a toda plana. Hay incluso hasta alguna primera página que se concibe a modo de escaparate publicitario. Otros periódicos de referencia no tienen empacho en publicar grandes encartes pagados, algo hasta no hace mucho impensable en determinadas cabeceras, Y, por supuesto, las páginas impares, aquellas más golosas para los anuncios porque son las primeras en las que se detienen nuestros ojos cuando miramos una revista o un rotativo, son espacio preferente para la publicidad (que también paga más por ocupar estos lugares, por supuesto). Los medios renuncian a escribir sus historias en estas páginas para que sean otros los que escriban las suyas: historias de perfumes, de coches, de cruceros allende los mares. Y nosotros, los lectores, ¿cuántas veces renunciamos también a escribir las historias de nuestras vidas para que sean otros quienes redacten las páginas impares, las más interesantes, de nuestras existencias?