Democracia

Votación
Votación

Democracia no es votar a todas horas y por todo. No es endosar a la sociedad que tenga que elegir, de manera permanente, el nombre de una plaza, de una calle, el destino de un gobierno o el color de los maceteros de una plaza. No es de recibo que dos mil personas hayan decidido, en Barcelona, el futuro de un gobierno municipal del que dependen un millón y medio largo de habitantes. Los gobernantes elegidos democráticamente deben asumir sus responsabilidades y tomar sus decisiones sin escudarse en el modo consulta perpetua. Democracia es otra cosa, es implicarse activamente en la vida de la comunidad, en el espacio público del que todos formamos parte, cada uno desde su ámbito. Es irresponsable endilgar a los demás decisiones que no les tienen por qué corresponder. Los políticos deben procurar desarrollar su programa y sus compromisos electorales, y dar cuenta de ello, cuando les toque, en las urnas, generalmente cada cuatro años. Pero esto de votar cada minuto y cada segundo supone una perversión del sistema, y más si detrás esconde, como todo apunta en el caso barcelonés, intereses electorales del partido de Ada Colau.

9 de noviembre

Cecilia
Cecilia

Ya pasó el 9 de noviembre, el del ramito de violetas de Cecilia, y la fecha sirvió para celebrar en Madrid un gran concierto de homenaje para el que no había entradas y que me perdí. Pero es grato constatar el recuerdo que tantos y tantas siguen tributando a una artista tan prematuramente desaparecida, en 1976, cuando tan solo tenía 27 años. Yo descubrí a Cecilia cuando era más joven. Y es curioso lo rápido que me enganché a sus tema. Yo, que en aquel entonces tenía una dieta casi exclusiva de blues y rock, me quedé ensimismado con una artista poliédrica e inclasificable, con unos textos de un nivel literario muy destacados, y que desprendía una fuerza casi hipnótica. Cecilia le cantaba a una España que en ese momento se asomaba a la transición democrática tras los cuarenta años de plomo de la dictadura y su música desprendía un aroma de libertad y progreso que la emparentaban con grandes artistas anglosajones del otro lado del charco. Cecilia le cantaba sin complejos a España, y en ella, por desgracia, tan temprano encontró la muerte. Pero su música sigue sonando y ya forma parte de la banda sonara de generaciones y generaciones de compatriotas. Con un pie, por si acaso, siempre en el estribo, como ella cantaba, hay que seguir andando y haciendo camino.

Miss Sonrisa

Sonrisa, sunrise
Sonrisa, sunrise

¿Es el ser humano el único animal del universo mundo con capacidad para sonreír? Tal vez. La sonrisa es un gesto bien bello y profundamente humano cuando es verdadero y sale de dentro. También hay medias sonrisas que despistan y cuyo significado es equívoco. Uf, y ojo, que hay sonrisas de farsantes, a cargo de grandes fingidores y gentes falsas podridas por dentro y por fuera. Sonrisas falsas y falsas sonrisas. Sonrisas tímidas que todos esbozamos ante una situación que no sabemos cómo controlar. Hay sonrisas que iluminan el mundo y llenan de luz cualquier estancia, por oscura que esté la habitación y por mucho que el cuarto no tenga ventanas que dejen penetrar el sol. Sonrisa vendrá del latín, como casi todo nuestro idioma (el Diccionario de la Real Academia de la Lengua no lo clara demasiado, pero seguro que es así). Sonrisa se parece mucho a sunrise, amanecer en inglés. Parece que la palabra española y la otra en inglés no tienen nada que ver a simple vista, pero yo creo que sí tienen un vínculo, sin duda: porque hay sonrisas que son amaneceres que acaban con el miedo y la noche oscura, que espantan el frío y traen calor. Sonrisa = sunrise. Sonrisas de amanecer, con promesas de mil amaneceres más, que al producirse son un fogonazo de amor, que echan por tierra la tristeza, que basta evocar para que el alma y el corazón brinquen de contento. ¡Miss Sonrisa!