Mi Cleo

Mi madre, en 1988, con 49 años
Mi madre

Mi Cleo salió de su pueblecito segoviano cuando era una cría y se vino a la gran capital a servir en casas de señores pudientes de las barriadas acomodadas, hasta que se casó con mi padre y dejó esa labor para dedicarse a sus labores. Era cocinera, pero también cuidaba de los niños de las casas que atendía.

Siempre he pensado cómo sería con los niños de sus patronos, y seguro que siempre fue con ellos como fue luego con nosotros: atenta, dulce, generosa y cariñosa. No podía ser de otra forma, porque esa era su naturaleza, la naturaleza sencilla de la gente que parece que no hace nada, o eso se piensan, y que en realidad son quienes sostienen este mundo y lo dotan de cobijo y calor. Pienso mucho en ella, y más a raíz de ver esa película tan cargada de emoción contenida como es Roma, del director mexicano Alfonso Cuarón, tan llena de color a pesar de estar rodada en blanquinegro, que se inspira en la figura de la criada de la casa que cuidó de Cuarón cuando era un crío.

La que fue Cleo para otros se llamaba Felicitas, Liz para su familia. Añoro mucho a mi madre. Su ternura, su dulzura, su amor, su saber estar; su inteligencia detrás de su mirada limpia, clara y sin dobleces, que me sigue acompañando como si siguiera aquí. Seguro que también los niños a los que cuidó, a los que jamás podré conocer, tampoco la habrán olvidado.

¡Viva la Constitución!

Homenaje a la Constitución
Homenaje a la Constitución en el Congreso

De adolescente, en los entonces BUP y COU que solo recordamos las gentes que tenemos ya una edad, tuvimos una profesora de Historia dotada de una capacidad pedagógica que apenas volví a conocer de nadie en esta materia. Nos enseñó la evolución de la historia de este país nuestro de manera comprensiva, sistemática y con las luces largas. No recuerdo bien su nombre, pero sí me acuerdo de la manera en que condensaba lo que debíamos aprender mediante esquemas que aprendí a hacer con ella y que aún recuerdo, porque en apenas unos cuadros sintetizaba las idas y venidas de la historia con una claridad meridiana.

Había un esquema de aquellos tiempos que me gustaba mucho: compilaba la evolución de las constituciones españolas, desde la de 1812 a la de 1978 que rige en la actualidad. Muchas de estas leyes fundamentales respondieron a revoluciones y a cambios profundos de la historia atribulada de la piel de toro, escrita en campos de batalla entre reinos y reinos, entre hermanos y hermanos.

Pero yo creo que la constitución verdaderamente revolucionaria fue la de 1978, por cuanto que sentó alrededor de una mesa a políticos de diferente signo, de la izquierda -mi izquierda-, a la derecha, todos unidos por un empeño: dejar atrás los cuarenta años de plomo de la dictadura franquista y construir, sobre los cimientos del consenso y del acuerdo, un edificio en el que todos tuviéramos cabida, que dejara el paso cerrado para siempre a los enfrentamientos cainitas, que abriera puertas y ventanas a la modernidad, a la consolidación del Estado del Bienestar y a Europa.

Cuarenta años más tarde, en un momento en el que las etiquetas ideológicas están en plena transformación y cambio, hay una línea que sí que sigue plenamente vigente: la de la defensa de la Constitución y de su pleno desarrollo. A este lado de la línea podemos caber todos los que estemos con la tolerancia, el diálogo, la moderación y la palabra; los intolerantes no pueden caber aquí. ¡Viva la Constitución!

Cocina (de ideas) con José Andrés

José Andrés Torres Mora
Torres Mora

Torres Mora comparte con José Andrés, el cocinero asturiano afincado en Estados Unidos, el nombre, y no sé si la afición a la gastronomía. Al menos, fijo que le gusta la cocina de ideas. La última creación de nuestro José Andrés, el diputado, es un libro, La izquierda es la libertad (editado en Los Libros de la Catarata), sobre ese viejo debate de qué es la izquierda a estas alturas de la historia. El libro, escrito con ese toque irónico tan propio del autor, se lee de un tirón.

El también diputado socialista, profesor de Sociología y ex jefe de gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero -buen conocedor evidentemente de los fogones de la política-, expone las claves de la izquierda reformista, aquella cuya denominación parte de la Asamblea Nacional francesa de 1789, y pone en tela de juicio los desvaríos populistas y su crítica a la democracia. Alerta Torres Mora de que “las clases medias educadas, con buena formación técnica, son las primeras que, en la práctica, se han rendido a los viejos cantos de sirena antidemocráticos”. En suma, como le escuché una vez a alguien, que son a menudo los menos necesitados de la política, en el sentido de un poder que reforma la sociedad, los que más frecuentemente son seducidos por los populismos.

Torres Mora es abanderado de una izquierda socialdemócrata que defiende el Estado del Bienestar, “la combinación de libertades públicas y derechos sociales que sigue siendo el mejor sistema político que han tenido los seres humanos en su historia”, que construye un proyecto político “de igual libertad” y que mantiene un espíritu crítico: “Lo importante para la izquierda no es atarse a dogmas, ni consignas, sino cultivar la razón y la creatividad, puestas al servicio de los mejores valores y los más nobles sentimientos, y atreverse a explorar nuevos caminos, nuevas formas de alcanzar que los seres humanos tengan una vida plena”, concluye el autor de este pequeño volumen/recetario de ideas de izquierda en modo real, de las que evitan las espumas de sabores y prefieren la masa madre. Cocina con sustancia y con enjundia, como la del otro José Andrés.