La mirada

Mirada
Mirada

«Venimos al mundo, doctora, desde la oscuridad a la luz y necesitamos calor desde nuestro primer berrido, desde que lo brazos de nuestra madre nos acogen y nos calman. Somos seres sociales, aunque las relaciones sociales sean tan complicadas y fuente de tantos quebraderos de cabeza, doctora, usted lo sabe mejor que nadie. Evitada la gente tóxica, espantada la gente chunga, descontados los indeseables, quedan muy pocas personas. Porque consuela en tiempos de zozobra, en esta época incierta y de futuro por escribir, encontrar la palmada de alguien en el hombro, los dedos de otra persona que se entrelazan en los tuyos por el mero gusto de hacerlo, los ojos de los seres que quieres y que no tienes que buscar, porque son esos ojos los que se topan contigo y siempre están ahí como faros en la noche para evitar que nos demos de cabeza con la escollera. La mirada, las miradas de las pocas personas que en verdad uno tiene cerca, de algunas que también se fueron, que son una luz entre las tiniebas y que iluminan mi mundo y el pequeño mundo de cada cual. En esta era de la rapidez, de las prisas, del vistazo, yo valoro la mirada. Las miradas que te muestran el camino y que te anclan la cabeza para evitar que eche a rodar; las miradas que no quiero perder de vista. Son estas pequeñas cosas las que hacen grande la existencia.»

De pucheros

Olla
Olla

La costumbre humana de meter un porrón de cosas en un puchero, cocerlas y comerse después caldos, legumbres, hortalizas y despojos varios es tan vieja como la historia del mundo. El planeta es una gran olla de olores diversos, y las recetas de los potajes proliferan por donde uno mire. Desde las múltiples variantes de los cocidos con garbanzos y otras legumbres de la piel de toro -con esa receta de nombre bestial, olla podrida– a la adafina judía, pasando por el cuscús norteafricano y los excesos de cocción británica, todo el orbe es una gran olla puesta al fuego. Lo extraño es que a estas alturas haya tantas personas que pasan hambre, y que los platos de unos estén tan llenos y los de otros, la mayoría, sigan estando tan vacíos. Así no es de extrañar que el orbe, desde el espacio, seguro que deba verse como una olla exprés echando vapor a lo bestia y que algún día, ¡ay!, corra el riesgo de reventar por exceso de presión.

Pescadillas de enroscar

De Cospedal
De Cospedal

Las pescadillas de enroscar, esas que se muerden la cola, se pasan por harina y se fríen, eran un plato clásico en las cenas de mi infancia, cuando Europa estaba tan lejos. De cuando yo era un niño y Europa era un sueño lejano al que había parientes y conocidos de mis padres que habían emigrado para buscarse la vida lejos de la España franquista, a Alemania, a Inglaterra, a Suiza. Las pescadillas de enroscar fueron perdiendo peso, conforme yo crecía, en las cenas, que a cambio se enriquecieron con platos más internacionales, al tiempo que España se reencontraba con Europa y entraba en ella. Hoy Europa es un plato enfermo. La están devorando desde dentro y desde fuera. Los especuladores sacan provecho a cuenta de su deuda pública y Europa aplica más y más ajustes, sin llevar a cabo políticas de reactivación, con lo que la pescadilla que se muerde la cola está a punto de autoengullirse y desaparecer del plato.

PD.- El PP dice que devolverá la confianza a los inversores en España. A mí solo me infuden más y más desconfianza. Qué preocupantes son las trazas del Advenimiento Marianil si finalmente se perpetra. Vaticinó ayer De Cospedal que para después del 20-N España va a tener la calle «llena de manifestaciones» cuando Rajoy «diga lo que hay que hacer». Y ¿qué es lo que quiere hacer? ¿No les parece una desvergüenza no desvelar su verdadero programa a los ciudadan@s antes de que vayan a las urnas? Salieron del gobierno mintiendo y pretenden volver no diciendo la verdad sobre sus intenciones y su programa. Mal final y, si es así, peor comienzo.