Horror vacui

Aceitunas rellenas
Aceitunas rellenas

Conocida es la tendencia humana a rellenarlo todo. Un estante en un hogar no es tal si no está lleno de cosas hasta reventar. Cuanto mayor es el bolso, más objetos le metemos dentro. Buscamos coches grandes con grandes maleteros para coparlos por completo de cacharros inservibles. Llenamos nuestros bolsillos de chorradas. Necesitamos trasteros para desprendernos de todas las absurdancias que acumulamos y apenas hemos usado un par de veces. Las aceitunas sin hueso vivían felices hasta que a alguien se les ocurrió rellenarlas de pseudoanchoas, o de pimiento. El afán de que no quede un hueco libre llegó también al arte, con manifestaciones artísticas que no dejan un solo milímetro sin decorar siguiendo las directrices de un estilo que recibe un nombre en latín: horror vacui. Ha habido mucho de horror vacuii en esta crisis que comenzó en 2008. Nuestra sociedad se rellenó hasta los topes de euros estos años de atrás, librados por bancos y banqueros sin escrúpulos que lo inundaron todo de créditos a mansalva. Una inundación de dinero fácil que se volatilizó como el agua, dejándonos desnudos y solos ante el miedo al vacío de esta crisis global.

Folio en blanco

Máquina
Máquina

Este país está a punto de introducir un folio en blanco en la máquina de escribir de su historia para los cuatro próximos años. Atrás quedan otros cuatro años, muchos folios llenos de letras, de aciertos y de errores, como en cualquier empresa humana. Pero pasa a la historia una legislatura marcada sobre todo por los meneos que una crisis global económica y financiera sin precedentes ha propinado a la máquina de escribir de España, torciendo y retorciendo los renglones de nuestras vidas con los efectos devastadores que todos conocemos. Hay quienes creen, creemos, que en los folios de los próximos años debe haber margen para hacer otras políticas, para salvaguardar el Estado del Bienestar desde una óptica socialdemócrata. Y hay otros que creen que los folios hay que recortarlos hasta dejar unos márgenes mínimos, de llegar incluso hacer trizas los papeles en blanco en sus políticas neoconservadoras de sálvese quien pueda. No hay muchas más opciones. Usted elige.

Feira de Santos

Monterroso
Monterroso

Varias son las localidades españolas que este 1 de noviembre, Todos los Santos, celebran ferias de ganado y mercados variopintos, desde hace varios siglos, reuniendo toneladas de mercancías, cientos de cabezas de ganado, miles de visitantes. Me viene a la cabeza la Feira de Santos de Monterroso, un municipio de la bella y apacible comarca de A Ulloa (Lugo), uno de los mercados más importantes de Galicia en su género. En el arranque de la melancolía otoñal, cuando la luz comienza a ser menos viva, los vivos se congregan alrededor de los animales que les dan sustento y de otros productos de la tierra para recordarse que siguen en este mundo, para buscar para sus cuerpos nutrientes de los que alimentarse. Comerán y beberán para entrar en calor, recorriendo los numerosos puestos de la feria. Para los afectos de sus almas también se nutrirán de la memoria de los seres queridos que nos han precedido y que ya se fueron, y cuyo recuerdo nos sigue, también, alimentando.