Inside Vote

Inside Job
Inside Job

En estos tiempos de crisis mundial hay una descripción de lo que ha ocurrido que también es una máxima que se ha venido aplicando en estos años: los beneficios se privatizan, las pérdidas se socializan. La industria financiera se volvió loca en Estados Unidos, al calor de la absoluta desregulación del sistema según parámetros neoconservadores gestados en la administración Reagan, y dejó de prestar servicios al resto de la economía para convertirse en un fin en sí misma y para enriquecerse a toda costa, repartiendo millonarios dividendos entre sus miembros. Fueron los tiempos en los que a unos pocos se les ocurrieron alambicadas y complejísimas formas de hacer negocio con las hipotecas y los ahorros de la mayoría, hasta que la burbuja reventó con desastrosas consecuencias sociales para Norteamérica y para el resto del mundo, España incluida (en nuestro país, con el agravante de la burbuja ladrillera). De todo esto se habla en el conocido documental Inside Job (Charles Ferguson, 2010), que en esta jornada de reflexión merece un pase en la tele de cada cual y podría pasar a llamarse Inside Vote. Porque el modelo económico que reventó en 2008 en Estados Unidos no surgió por generación espontánea: se produjo al amparo de políticas neoconservadoras que en nuestro país, mañana llamado a las urnas, tienen seguidores con nombre y apellidos. El pato de la crisis en España no lo pueden pagar ni el Estado del Bienestar, ni los servicios públicos, ni las gentes que menos tienen. Para que las pérdidas no se socialicen, porque no todos los partidos ven igual quién ha de pagar el pato y cuáles son las recetas para remediar la situación.

Esa mayoría

Debate
Debate

Las encuestas publicadas por los medios de comunicación dicen que la mayoría de los españoles cree que Mariano Rajoy ganó el debate con Alfredo Pérez Rubalcaba del pasado lunes por la noche. A esa mayoría, por tanto, no le inquietan la ambigüedad calculada, la falta de propuestas y de iniciativas del presidente del PP. A esa mayoría no le alarmó que el líder del PP echara una y otra vez balones fuera ante las reiteradas preguntas del candidato socialista sobre el futuro del Estado del Bienestar. A esa mayoría, por lo que se ve, no parece preocuparle lo que pueda ocurrir con las pensiones, con la sanidad, con la  educación. “Estos son mis principios; si no le gustan tengo otros”, decía Groucho Marx, y es la divisa que podría emplear Mariano Rajoy para esta campaña, en la que procura por todos los medios no dar un paso que movilice al electorado de izquierda y que le reste votos. Lo que sea con tal de llegar a La Moncloa a golpe de bostezos, sin que nadie conozca, aunque se intuyan, las auténticas propuestas de su programa en la sombra, y que él se negó a desvelar en el debate televisivo. Si esa mayoría se mantiene y el Advenimiento Marianil se produce (¡los votos no lo quieran!), las próximas comparecencias televisivas de Rajoy a partir del 20 de noviembre ya no serán tan ambiguas, y más de uno entre esa mayoría tendrá que plantearse para qué ha servido su voto.