Where’s Mr. Depende?

Rajoy
Rajoy

Desde que ganó las elecciones, Mr. Depende está desaparecido. La prensa internacional, los mercados, la prima de riesgo, los españoles y españolas se preguntan cuáles son sus ideas, sus planes, sus propuestas. Sus vecinos de bloque también demandan saber si seguirá viviendo en la lujosa Aravaca o si se mudará a La Moncloa. Pero Mr. Depende, motejado así porque la solidez de sus argumentos varía según la cambiante situación, no suelta prenda. El lunes reunió a la dirección de su partido, pero, como de costumbre, no dio la rueda de prensa posterior, para sorpresa de los numerosos corresponsales extranjeros desplazados a la sede conservadora de Génova, no fuera a ser que tuviera que contestar a preguntas incómodas. Porque a Mr. Depende no le gusta someterse al escrutinio de los medios. Y así resultó que compareció su lugarteniente De Cospedal, que parecía dirigirse a los periodistas en tercera persona, como la exégeta sacerdotisa que interpreta la voluntad del nuevo dios: “El presidente Rajoy quiere… El presidente Rajoy dice…”. El domingo por la noche, el servicio de prensa del PP tituló la declaración que Rajoy leyó en la victoriosa noche electoral que abre la nueva Era Pop con un pomposo “Mensaje a la Nación”. En suma, que el nuevo Ejecutivo popular promete combinar grandes dosis de humor, y de drama, claro. Tragicomedia, vaya.

Nubarrones

Nubes de lluvia
Nubes de lluvia

Ganó la derecha conservadora española, poniendo al frente de la gestión contra la crisis a los herederos de las políticas que están en el origen de este embrollo. Al nuevo Gobierno, que deberá ser el de todos los españoles, incluidos los millones que no les hemos votado, hay que exigirle que se conduzca con mesura. Porque si el poder es una sustancia que siempre puede emborrachar, el poder ejercido a través de una mayoría absolutísima corre el riesgo de ser un potente alucinógeno. Y una vez que caiga el velo de las medidas que Rajoy no ha querido descorrer en la campaña, habrá que comprobar su impacto y el precio social que entrañarán, porque sería absolutamente injusto que la crisis económica deviniera en una crisis social. Enfrente tendrá una oposición socialista que sin duda ejercerá su papel con responsabilidad, justo la que no han tenido los conservadores en todos estos años. Al PSOE le aguarda ahora la tarea de reformular sus políticas en un congreso y de consolidar su alternativa socialdemócrata frente al poder neoconservador existente. Aún recuerdo primera la victoria socialista de 2004, un olor a primavera a pesar de caer en marzo. Esta victoria conservadora, en el crudo otoño, para mí, solo huele a frío y a humedad; desde mi ventana solo atisbo nubarrones.

Cuando voto

Papeletas 20-N
Papeletas 20-N

Cuando voto siempre pienso en las generaciones de españoles y españolas que se vieron privadas de este derecho. En los millones de españoles que durante cuarenta años de cerrojo franquista no pudieron expresarse en libertad para elegir a su gobierno. En los millones de represaliados y exiliados por el régimen. En los millones de personas que no tan lejos de esta piel de toro, a pocos cientos de kilómetros, no lo pueden todavía ejercer en libertad. Pienso en que la fuerza de los votos ha permitido impulsar proyectos colectivos en un país tan poco amigo de lo colectivo como es España: establecer la educación pública y gratuita, crear pensiones dignas para los trabajadores, becar a millones de estudiantes para que pudieran acceder a la educación en igualdad de condiciones, dotarnos de uno de los mejores sistemas de sanidad pública del mundo, desarrollar nuestras infraestructuras, ampliar ayudas para proteger a los desamparados, afianzar nuestra joven democracia. Cuando voté esta mañana en el comedor del colegio público al que asiste mi hija pensé en ella, en las conversaciones que una niña tan espabilada e inteligente (herencia de su madre y sus abuelas, sin duda) mantendrá en esta estancia, entre bocado y bocado, con sus amigos y amigas del cole, nacidos dentro y fuera de este país, las futuras generaciones de españoles y españolas. Cuando voté esta mañana no pude evitar emocionarme pensando en mi madre que se fue hace un año, y voté con más fuerza y orgullo que nunca, por ella, socialista de corazón, y por mí, por las siglas en las que he creído desde que era adolescente, sintiendo que su mano se posaba sobre la mía, por las siglas del Partido Socialista.