Presunto humano

Calamar
Calamar

Están ahí, plácidos y apilados en los estantes de la pescadería, rodeados de hielo, durmiendo un sueño eterno tras salir de los mares, pero vivos son terroríficos. Voraces hasta la saciedad, se atacan incluso entre ellos con gran ferocidad. Un documental sobre su vida da verdadero miedo por mucho que estés parapetado tras el sofá. No hace mucho rajé uno en mi cocina antes de hacer un arroz y dentro llevaba un pescado que los jugos gástricos habían comenzado a digerir; parecía una sardina. Son los calamares. En algunas zonas de España su nombre se usa también como insulto para despreciar a quien se lo merezca: «Menudo calamar». Esto se le puede aplicar a muchos seres humanos, calamares en realidad, como el calamar carnívoro (todos lo son) que se llevó por delante la vida de ochenta personas en Noruega hace una semana. Presunto criminal, presunto humano, verdadero calamar voraz sobre el que merece caer todo el peso justiciero del agua del océano.

Canguro (¿Campsguro?)

Canguro
Canguro

El origen de la palabra «canguro» es incierto. Hay una leyenda que cuenta que el explorador británico James Cook llegó a la costa australiana allá a finales del siglo XVIII y se encontró con este extraño ser brincador. Le preguntó a un lugareño por el nombre de aquel animal inédito a sus ojos occidentales. El lugareño le contestó, en su idioma salvaje, «gangurro», y Cook escribió «kangaroo». Sostiene esta leyenda que «gangurro» no era en realidad el nombre del animal, sino la frase aborigen «no le entiendo», «no sé lo que me está preguntando». Pero ahí quedó la cosa. Si Cook llegara hoy a la costa valenciana, todavía a comienzos del sigo XXI, se encontraría con un tipo llamado ¿Campsguro? que no paraba de dar saltos, embutido en cómodos trajes hechos a medida para que las costuras no dificultaran sus alocados movimientos. Entendérsele no es que se le entienda demasiado, aunque entre su progenie gurteliana se entienden bastante bien entre ellos. Fuera como fuera, este canguro levantino acaba de dar un salto hacia atrás tras su último número de ayer, y sin duda la democracia ha dado un salto hacia adelante. El circo de la Gürtel seguirá brindando alegres espectáculos.

Camps, dimita ya

Camps
Camps

En una democracia avanzada, como la británica, el primer ministro va a comparecer hoy en el Parlamento para dar su versión de los hechos sobre el escandaloso caso de las escuchas ilegales del extinto diario News of the World del grupo Murdoch (al que por cierto presta sus servicios nuestro JM Aznar). En una democracia menos avanzada, como la nuestra, hay un presidente autonómico que está a punto de sentarse en el banquillo de los acusados por un flagrante caso de corrupción, sin que de momento haya noticias de que haya presentado su dimisión, que es lo que tendría que hacer -y si no lo hace él, su partido debería obligarle sin demorarse un segundo-. A todo esto, sus superiores jerárquicos (empezando por Rajoy, que opta nada menos que a ser primer ministro de España) siguen sin dar una explicación sobre el particular. Si quieres recordarle a Camps cómo deberían funcionar las cosas en una democracia avanzada, firma esta petición de Avaaz para que se vaya a su casa.