Desprecio y memoria

Niyireth Pineda
Niyireth Pineda

Cuando alguno de mis compatriotas desprecia a los inmigrantes que han llegado a España en los últimos años, está despreciando a un tiempo a los trabajadores que hicieron posible buena parte del crecimiento económico desde finales de los 90 -truncado por la crisis global-, a las personas que cuidan a sus mayores y a sus críos en muchas casas, a los soldados que por desgracia están muriendo allende nuestras fronteras… Están insultando también a los hijos de estos inmigrantes, tan españoles como nosotros, a los que construirán la España del futuro. Y, sin darse cuenta, están insultando también a sus abuelos, a los españoles que probablemente tuvieron que emigrar a otros países para buscarse la vida hace decenas de años. La memoria, en este país, es de una gran fragilidad; está hecha de una pasta muy ligera, que se deshace entre los dedos al mínimo soplido. Así somos.

Blanco y negro

Adiós, Colombo
Adiós, Colombo

Algún día le contaré a mi hija que la tele con la que yo me crie tenía solo dos canales: VHF y UHF, la primera y la segunda, en blanco y negro. Ahora tenemos cuatrocientos mil canales, tele por Internet y por el móvil, muchos colorines por todas partes, y a veces no hay muchas cosas que merezcan la pena. Por delante de nuestros ojos de niños y luego de adolescentes fueron desfilando series legendarias: La abeja Maya, Mazinger Z, La Bola de Cristal, M*A*S*H, Colombo Algún día le contaré a mi hija que los niños de antes viajábamos con nuestros padres comprimidos en las vacaciones de verano en unos coches diminutos, como el 127 que tuvo su abuelo, con rumbo a destinos turísticos lejanos y exóticos en aquel entonces para los niños de Carabanchel Alto, como Fuengirola. Que no teníamos consolas de videojuegos, ni teléfonos móviles, ni ordenadores. Ni habíamos montado en avión. Que jugábamos en calles de barrios humildes en los que apenas había coches. Que quienes para ella somos personas mayores formábamos parte de un decorado que ya no existe, y que, aunque eran tiempos de blanco y negro, podíamos ser felices.

Ban, paren la represión en Siria

Ban Ki-moon
Ban Ki-moon

«Estimado señor Ban Ki-moon: enhorabuena antes de nada por su reelección al frente de tan prestigiosa institución. Espero que los parabienes no le impidan ver el bosque de problemas que siguen al acecho de la especie humana, como me consta que ha hecho en los últimos años y para lo que usted ha llevado a cabo valientes iniciativas durante su primer mandado al frente de la ONU. Aprovechando su recién comenzado segundo mandato, yo y muchos como yo queremos llamar la atención de usted en relación a la situación en Siria, que estamos seguros de que le preocupa, en donde un ser que se dice presidente (¿?) sigue masacrando a un pueblo que pide democracia. La comunidad internacional estuvo muy presta para intervenir en Libia, parando la escabechina de Gadafi, pero no parece manifestar la misma diligencia para (intentar) poner fin a las tropelías del presidente (¿?) sirio. Así que, ¿harán ustedes algo antes de que ese país se acabe de desangrar por completo? Espero que hagan algo antes de 2016, que es cuando vence su segundo mandato. Quedo a la espera de sus noticias: los sirios tienen bastante menos tiempo.»