Crisis, κρίσις

Zeus
Zeus

En la era de los mitos, cuando todavía no había comenzado el reinado del logos, imperaba la ley del Olimpo, con dioses y diosas caprichosos que manejaban a su antojo los hilos de las vidas de las pobres criaturas que moraban más abajo. Debía de ser divertido vivir en una permanente minoría de edad (mental), expuestos a fenómenos incomprensibles para los hombres, antes de que se produjera el paso del mito al logos y el comienzo del triunfo de la razón. Eso ocurría en Grecia hace cientos de años, la misma Grecia que atraviesa momentos tan convulsos en esta segunda década del siglo XXI. Ha llovido mucho desde entonces, pero seguimos en manos de designios de seres de extraños nombres, sin el glamour, eso sí, de sus antecesores: agenciasderating, diferencialdeladeuda, bonoalemán… Nombres anodinos al lado de Zeus, Atenea o Poseidón. Y los primeros, más que dioses, son demonios, teniendo en cuenta el carajal que han originado. Hay una palabra sigue siendo igual: crisis, del griego κρίσις, que continúa azotando a los griegos y castigando también a todos los demás. En suma: fenómenos incomprensibles para el común de los mortales amargan la vida del común de los mortales.

Alcaldes y alcaldesas

Alcalde
Alcalde

He conocido a muchos alcaldes, de otros tantos partidos políticos. Regidores de grandes ciudades, de villas medianas y de pueblecitos. Me quedo con estos últimos, los alcaldes de pueblecitos que están no alejados de la gente en despachos enmoquetados, sino a pie de calle, compartiendo problemas con sus paisanos, escuchando sus quejas y recibiendo también sus halagos cuando se ha asfaltado una calle, se ha reparado un alumbrado o se ha conseguido que el pueblo tenga por fin biblioteca. La luz del despacho de estos alcaldes y estas alcaldesas no se apaga nunca. En España hay más de ocho mil alcaldes; ese es el número de cargos que ahora está en liza desde el arranque de la campaña electoral. Y los corruptos son minoría, por más que solo se ponga el foco sobre los malos y que en la lógica de los medios de comunicación solo sea noticia en grandes titulares cuando alguno mete la mano en la caja. Solo es noticia el escándalo, y no cuando consiguen que los niños del pueblo tengan piscina o que la nueva depuradora permita que se deje de verter porquerías al río. La consecuencia de esto último es que mucha gente coge la parte por el todo y piensa que, al final, son todos unos corruptos. Y eso, sencillamente, no es justo.

No tengas miedo

Montxo Armendáriz
Montxo Armendáriz

No he podido ver la película todavía, pero de entrada merece todo el interés un filme que advierte del horror que está presente en muchas vidas cotidianas: el del drama de los abusos sexuales en la familia, con estadísticas de vómito. Se trata de la última obra del cineasta navarro Montxo Armendáriz, que cuenta en No tengas miedo «la historia de Silvia, una joven que lucha por recuperar su vida y sobreponerse a los abusos sexuales que sufre desde niña», explica EFE. Protagonizada por Michelle Jenner (Silvia), Lluís Homar (padre y abusador de la protagonista) y Belén Rueda (madre), la película, que se acaba de estrenar, denuncia un tema que en muchos casos aún resulta tabú, y también «habla de la lucha de una de una persona que cada día, con fortaleza y un coraje encomiable, se enfrenta a la necesidad de rehacer su vida. En la mayoría de víctimas hay una ocultación de todo lo que está pasando (…) Con el objetivo de mostrar que los abusos a menores en el ámbito familiar es una situación más común de lo que generalmente se piensa, el director decidió situar la acción de No tengas miedo en el seno de una familia de clase media alta. Un padre ejemplar de cara a la galería, una madre que prefiere mirar hacia otro lado y una niña cuyo retraimiento nadie comprende, componen el particular ambiente familiar de una historia que se ayuda de los testimonios de víctimas de abusos para contar todo aquello que Silvia no es capaz de verbalizar por sí misma». Esta no es ninguna historia de ficción: «Un 23% de niñas y un 15% de niños menores de 17 años han sufrido un caso de abuso sexual, y de éstos un 60% no han recibido nunca ningún tipo de ayuda en España» (datos de la Fundaciò Vicky Bernadet).