¡La ciudad, para los ciudadan@s!

Madrid
Madrid

Miden menos de 2,5 micras de diámetro. Ustedes no las pueden ver. Yo tampoco. Pero nuestros organismos sí que las sienten, y se resienten. Y además, cada vez se están detectando más, según los estudios científicos. Hay partículas diminutas en suspensión que se infiltran en nuestros pulmones y nos están matando lentamente. Dañan más a niños y a ancianos. Se llaman PM2,5 y las producen, sobre todo, los motores diésel de los vehículos que pululan por el centro de las ciudades. Sí el suyo también, y el de usted, que se lleva el coche a todos lados a pesar de tener una parada de metro en la puerta de su casa y otra a la vuelta de la esquina de su trabajo. Erradicado ya el tabaco de bares y restaurantes, ¿no podría hacerse lo mismo con la porquería esta que generan los coches? El centro de las ciudades debe ser para los ciudadanos y las ciudadanas, no para los locos cacharros sobre ruedas. Ojalá que en Madrid, que es la ciudad donde resido, haya algún día un alcalde o alcaldesa valiente que se decida a poner fin a la tiranía de los coches en el centro. ¡La ciudad, para los ciudadan@s! Mira, este podría ser un buen lema de campaña…

Contra la crispación

Gabrielle Giffords
Gabrielle Giffords

El atentado de Tucson (Arizona) contra una parlamentaria demócrata estadounidense debería actuar como una advertencia. Un aviso contra todos los que tensan la vida política hasta hacerla irrespirable; quienes desprecian a su oponente político y sólo profieren invectivas, diatribas y escupen palabras que otros acaban convirtiendo en balas asesinas. Quienes incendian la vida política, de uno y otro signo, aunque no es casual que siempre en el bando de las víctimas suelan estar quienes tienen una mentalidad progresista, como Gabrielle Giffords. Y un aviso también contra la enloquecida proliferación de armas en Estados Unidos, que ya describió hace años el cineasta Michael Moore en el documental Bowling for Columbine, sin demasiado éxito hasta ahora.

#Titulares# ¡Feliz año 11!

Estrella y bengala
Estrella y bengala. ¡Feliz 2011!

El 10, tan orondo él a primera vista, acabó demostrando que tenía unas curvas muy peligrosas que terminaron produciendo más de un siniestro total durante estos doce más bien insoportables meses. Menos mal que nos dice adiós. Prometía ser un año redondo y, como todo el que se cree perfecto, resultó insoportable. Tenía el 10 demasiados michelines, algunos de los cuales nos acabaron asfixiando. El año del agravamiento de la economía global. El año del Tea Party. La ebullición de partidos xenófobos en Europa. El envalentonamiento de la derecha. Los recortes sociales impuestos por la crisis. El estado de alarma. La huelga general. Las dudas de la izquierda. Los casinos universales que acaban maniatándonos. El imposible aprendizaje de la insondable macroeconomía y su efecto en la vida cotidiana. El rostro del poder desvelado por Wikileaks. La suspensión de Garzón. Algunas alegrías. La victoria de la roja. El Nobel a Mario Vargas Llosa. La irrupción de las sombras, con la confianza de que, a pesar de los pesares, algún rayo de sol las pueda despejar, de que alguna sonrisa relaje el rostro. En lo personal, el primer año de este modesto blog (250 entradas, ¡casi 12.000 visitas!; muchas gracias por la fidelidad y el cariño diario de tantos buenos lector@s, que me animan a seguir escribiéndolo).  Ha sido el año en el que murió mi madre, Felicitas (71): aunque tus ojos se entornaron, sigo sintiendo el aliento de tu mirada azul. Y nunca olvidaré todo el afecto recibido en ese duro momento. El año en que su nieta, mi hija Estrella (5), aprendió a leer. Hay futuro. Queda esperanza. ¡Feliz año 11!