Huecos irreemplazables

Peter Jennings
Peter Jennings

La historia de los medios de comunicación no es la historia de un continuo. Cuando un veterano presentador dice adiós, cuando un programa con solera se acaba o cuando una experimentada cadena se cierra, los daños colaterales, como se dice ahora, son cuantiosos.  El primero, la pérdida de voces críticas que informen de la realidad circundante. El segundo, la cantidad de gentes que se ven privadas de los nutrientes informativos que recibían por esa vía. No son, por tanto, decisiones gratuitas. Hay un sentimiento de orfandad cuando buscas y rebuscas entre las ondas, entre la oferta televisiva o entre las páginas de un periódico, y ya no le encuentras a él, o a ella. Queda una sensación de vacío que no se puede llenar. Les habrá pasado, seguro, a los millones de seguidores del veterano informador estadounidense Larry King, que acaba de anunciar su marcha. Como antes les pasó con las sucesivas retiradas de algunos de los grandes presentadores norteamericanos, como Peter Jennings, de ABC, cuyos noticieros de televisión se emitieron en tiempos en España, subtitulados en castellano (en el aquel entonces Canal Plus), hace muchísimos años. ¡Cuánto inglés aprendí yo con ellos! Ahora se anuncia en España el cierre de CNN+ para final de año, que emitía en nuestro país desde 1999, y muchos lo lamentamos profundamente, sobre todo en cuanto a lo que afecta los estupendos profesionales de esa cadena que temen por su trabajo y a la pérdida de pluralismo informativo que esa decisión conlleva, especialmente por la banda izquierda. Son huecos irreemplazables, como el que también dejará, cuando se produzca, la despedida de Iñaki Gabilondo, uno de los más grandes periodistas que ha tenido este país.

¿Qué está pasando?

Combate la violencia
Por la igualdad

Van setenta mujeres muertas en lo que va de año a manos de sus agresores. Setenta vidas, setenta existencias cortadas de raíz. El último caso acaba de producirse en Barcelona. ¿Qué está pasando en nuestro país? El terrorismo doméstico, el machismo criminal, sigue campando por sus respetos, y no seremos una sociedad digna de tal nombre mientras no se acabe con esta repugnante lacra. Todos debemos implicarnos en este combate; todos, sin excepción. Vivimos en un estado ya no de alarma, sino de excepción, mientras haya tantas vidas amenazadas y finalmente sitiadas. Es una vergüenza absoluta. Es un fracaso colectivo impropio de un país desarrollado. Como siempre, el mejor arma es la denuncia, y hay un medio eficaz para hacerlo: el servicio telefónico 016, de información y asesoramiento jurídico en materia de violencia de género, puesto en marcha por el Gobierno de España como parte de su compromiso contra la violencia de género. ¡Actúa, llama!

Felicitas >> Happiness

Felicidad
Felicidad

Contaban los papeles de este martes la noticia de una niña nacida a bordo de una patera. Una hermosa historia que pudo tener un final trágico y lo tuvo feliz. El relato de una inmigrante embarazada que se embarcó en Marruecos, procedente del África subsahariana, y que dio a luz a su hija en plena embarcación, auxiliada por dos compañeras de la precaria travesía. Happiness (felicidad, alegría) será el nombre en inglés de la niña, y ahora descansa junto a su madre en un hospital de Motril (Granada). Happiness me recordaba el nombre de mi querida madre, Felicitas (felicidad), que llegó al final de su travesía hace tan poco tiempo. Un nombre singular, pero hermoso, sobre todo en una época en la que eran frecuentes nombres terroríficos para las mujeres españolas: Soledad, Dolores… Mi madre nació en un pequeño pueblo de Segovia, Fuentepelayo, en el que vivió hasta que emigró a Madrid. La casa de mis abuelos maternos, decorada con los típicos esgrafiados segovianos que todavía recuerdo, se llamaba calle de la Alegría, se dice que por la cantidad de críos y crías que había en tiempos en aquella rúa castellana, que llenaban de felicidad la calle. Felicitas, Happiness… la vida sigue. No creo que te pueda ver nunca, Happiness, pero deseo con toda mi alma que ojalá puedas tener una vida llena de dicha.