Viento en las velas para el 19

2019
El 19 ya está aquí. ¡Feliz año!

Nos venden la Navidad y estas fiestas de fin de año con tal intensidad que parece que no fuera a haber un mañana, que el mundo se acabará en un suspiro y que hay que aprovechar estos últimos momentos de la existencia a tope y sin reparar en nada. Pero ya sabemos que es todo un artificio y que, tan pronto como se disipe la espuma del cava y se recojan los restos de cotillón, la rutina volverá a hacer acto de presencia y seguiremos atados a nuestra existencia, con sus miserias y sus grandezas.

Se barrunta que 2019 va a ser un año intenso, en lo político, en lo económico y en lo social. En lo político, con al menos tres citas electorales (autonómicas, municipales y europeas), en las que se decidirá el futuro de las instituciones en esos niveles, con el eje izquierda / derecha más marcado que nunca por el ascenso de los nuevos populismos. En lo económico, con una desaceleración económica en ciernes, cuando aún no nos hemos recuperado de los estragos de la gran recesión de 2008. Y en lo social, con una sociedad sometida a mil convulsiones, con modelos que ya no sirven, y que es objeto de una plena transformación merced, entre otras cuestiones, a unas nuevas tecnologías cuyo impacto nadie sabe hasta dónde va a llegar.

Así que cuando faltan pocas horas para que acabe este año 18 que ha sido tan singular, no quiero dejar de desearle todo lo mejor a quien lea estas letras para el nuevo año. Que tus velas se inflen con vientos favorables, y que así te lleven donde tú desees. Que no hagas daño, ni te lo hagan. Que te conduzcas con sabiduría, valor, justicia, amabilidad, templanza y moderación. Recuerda la fugacidad de la vida. Ama el momento e intenta sacar provecho y conocimiento de todo lo que te ocurra. Amor fati. Memento mori. Hic et nunc. ¡Feliz año 19!

Tierna carcajada para recibir 2013

La magia de los días uno de enero es que no se oye nada en este barrio sureño de esta gran ciudad de Madrid. Ni un ruido. Apenas ni un suspiro. No suenan los coches. En las escaleras no hay pasos apresurados. El portal apenas se abre, ni se cierra. El tiempo parece detenido como en la plaza Mayor de Mondoñedo, una ciudad de Lugo que solía visitar cuando trabajaba en Galicia. Todo permanece silente este 1 de enero de 2013 y la existencia del día de Año Nuevo transcurre de puntillas, sin querer molestar. Tampoco se oye a los vecinos, ni se escuchan ruidos de televisor, ni por la escalera se cuelan aromas de las cocinas de este bloque de pisos. Es una calma y una declaración de paz, de enterrar el hacha de guerra de la realidad, que dura veinticuatro horas, horas veinticuatro: nada, un instante en la vida de la ciudad. No circula agua por las tuberías, no suena el teléfono, no hay portazos. Qué paz, qué sensación de balneario. Siempre es así, y hoy también lo ha sido, con un detalle mágico: el único ruido que he percibido hoy ha sido la carcajada de un bebé que vive justo debajo, un crío de apenas unos meses cuyos padres son inmigrantes salvadoreños. No es justo llamarlo ruido. Ha sido una escandalosa carcajada de bebé de esas contagiosas porque son tan tiernas, tan dulces y tan prolongadas; una muestra de alegría tan pura y tan sincera de alguien que acaba de llegar al mundo. Quién sabe si será una señal para este 2013 y ojalá que no se cumplan los malos augurios y que el año nuevo, también, nos depare una carcajada tan rica como la del bebé de mi piso de abajo, o al menos que nos haga sonreír entre tanto llanto. Vamos a por ello y, venga, por qué no, ¡hagamos entre tod@s que suceda!

Un bebé chino feliz
Un bebé chino feliz

¡Feliz 2012!

Reflejo de succión
Reflejo de succión

De bebés venimos al mundo con algunos reflejos básicos, como buenos animales que somos. Hay dos fundamentales para la supervivencia: el reflejo de succión, clave para alimentarnos de nuestras madres y no morirnos de hambre, y el reflejo de prensión, para agarrarnos a cualquier superficie y no caer al vacío. Dicen los médicos que son reflejos arcaicos y primarios que solo se dan en los bebés y que desaparecen al crecer. Yo sostengo que están presentes toda la vida y, es más, que no debemos perderlos nunca. Succión para seguir nutriéndonos de saber, para que nunca perdamos el ansia y la curiosidad de aprender, la esperanza. Prensión para agarrarnos con nuestros deditos a las cosas que merecen la pena, como los afectos. Son dos de mis deseos para mí y para la gente a la que quiero ante este nuevo año que está a punto de echar a andar: seguir aprendiendo y aferrarme a la senda de los afectos, querer y ser querido en el mapa de la existencia, todo con un poco de humor y sin perder la sonrisa, que bastante vinagre hay ya en el mundo. Y que el miedo, los temores que todos llevamos dentro y que son una amenaza para esos reflejos porque los acaban esclerotizando, no se imponga. Feliz 2012 a tod@s, que nos vaya lo mejor posible.