SOS

Timón
Timón

¿Alguien sabe qué demonios está pasando en España? Los mismos que lanzan mensajes de tranquilidad para intentar sofocar el fuego de la crisis son los que luego atizan las llamas con una gestión catastrófica. Tan pronto dicen que tenemos un sistema financiero-bancario que es la envidida del orbe como que está hecho una porquería y necesita urgentemente remiendos para no descoserse del todo. Las gentes miran esperanzadas a la proa del barco pensado que el capitán, o la capitana, tiene firmemente amarrado el timón, pero se llevan el gran chasco al constatar que el timón gira y gira sin parar y alocadamente, sin que nadie sepa a dónde vamos, aunque todo huela a rescate inminente, de una forma u otra, como no paran de piar las principales capitales europeas. No existen los mitos, es mejor no tenerlos, porque siempre defraudan y acaban rodando con la cabeza por el suelo. Ah, y una última cosa: esto de que los beneficios hayan sido privatizados durante años para unos cuantos jetas y que ahora las pérdidas tengan que ser socializadas a toda costa para la inmensa mayoría que no tiene arte ni parte en el gigantesco estropicio, esto no tiene nombre. O sí lo tiene: es una sinvergonzonería que marca el rumbo del mundo de caca al que nos abocamos.

Des-orientación

Brújula
Brújula

«Doctora querida, tengo menos credibilidad que una acción de Bankia y menos palabra que un portavoz del gobierno del PP. Me hundo como las cotizaciones bursátiles y estoy más quemado que los puros que se fuma pausada y relajadamente Rajoy en La Moncloa mientras todo arde y se va al carajo a su alrededor. Mi cuerpo atufa y despide un olor a rata como las ratas financierobancarias que nos han llevado a una crisis que el común de los mortales no ha originado, pero que el común de los mortales sufre como una de las siete plagas de Egipto. Mi mente se desmantela al ritmo que se están desguazando servicios públicos, proyectos vitales y grupos de trabajo. Después de esta charleta, tengo, doctora, una mala noticia que darle: me quedan cuatro chavos en la cuenta corriente porque me acaban de finiquitar con la nueva reforma laboral, así que no sé cómo pagar sus, por otra parte, para mí inestimables servicios. No deje de atenderme, porque me quedaré sin brújula a la que encomendar mi norte, que ya no sé si estará en mi sur, en mi este o en mi oeste.»

Horror vacui

Aceitunas rellenas
Aceitunas rellenas

Conocida es la tendencia humana a rellenarlo todo. Un estante en un hogar no es tal si no está lleno de cosas hasta reventar. Cuanto mayor es el bolso, más objetos le metemos dentro. Buscamos coches grandes con grandes maleteros para coparlos por completo de cacharros inservibles. Llenamos nuestros bolsillos de chorradas. Necesitamos trasteros para desprendernos de todas las absurdancias que acumulamos y apenas hemos usado un par de veces. Las aceitunas sin hueso vivían felices hasta que a alguien se les ocurrió rellenarlas de pseudoanchoas, o de pimiento. El afán de que no quede un hueco libre llegó también al arte, con manifestaciones artísticas que no dejan un solo milímetro sin decorar siguiendo las directrices de un estilo que recibe un nombre en latín: horror vacui. Ha habido mucho de horror vacuii en esta crisis que comenzó en 2008. Nuestra sociedad se rellenó hasta los topes de euros estos años de atrás, librados por bancos y banqueros sin escrúpulos que lo inundaron todo de créditos a mansalva. Una inundación de dinero fácil que se volatilizó como el agua, dejándonos desnudos y solos ante el miedo al vacío de esta crisis global.