Apellidos: gesto por la igualdad

Apellidos chinos
Apellidos chinos

Cuando nació mi hija Estrella, hace cinco años, mi mujer y yo, ambos feministas y de izquierdas, o de izquierdas y feministas (tanto monta, monta tanto; ¿hay izquierdistas que no sean feministas?, pues qué contradicción, porque el feminismo ha sido, es y será uno de los grandes movimientos emancipadores de la condición humana) adoptamos una decisión. Como decía, ambos, y yo de manera especial, teníamos un deseo: invertir el orden de los apellidos, permitido por una modificación legal, para no repetir el uso y costumbre patriarcal en España de que el apellido paterno fuera en primer lugar. Así lo acordamos en el Registro Civil, con naturalidad, y tan contentos. Yo creo que estos pequeños gestos ayudan a transformar la sociedad y hacen avanzar la igualdad, y como me gusta predicar y dar trigo, así lo hice. Ahora leo el revuelo que se ha montado con este asunto y las voces desaforadas de la caverna, pegando gritos a diestro y siniestro, como acostumbran, porque parece que se tambalea otro de los sacrosantos pilares de la patria. Creo que la paternidad no se demuestra con la prevalencia del apellido paterno, que ya no basta con poner la semillita y el apellido primero, sino queriendo a mi hija con toda mi alma, jugando con ella, alimentando su ansia de saber, enseñándole a crecer libre y feliz, amando a Estrella con toda la dulzura del mundo que me es posible, con la misma dulzura con la que mi madre, su abuela, que tan mal lo está pasando en este tramo final de su vida, me ha amado a mí.

 

Asco de caspa

Leire Pajín
Leire Pajín

Llevamos unos cuantos años de democracia, pero la caspa sigue sobre los hombros de muchos hombres en forma de ese rancio machismo que les lleva a descalificar a cualquier mujer por el mero hecho de serlo, sobre todo cuando ejercen una responsabilidad. Este jueves hubo un profundo bramido de la caverna, en forma de los gruesos, irreproducibles palabros que el señor (¿?) alcalde de Valladolid (¿aún sigue siéndolo?; pues qué vergüenza) vomitó a cuenta de la nueva ministra de Sanidad (e Igualdad), Leire Pajín.  El señor (¿?) De la Riva, o De la Caverna, refleja una concepción atrasada, machista, repugnante y zafia. Algunos lo asemejan a un hombre prehistórico; quién sabe: quizá en Atapuerca estaban ya más evolucionados que este ser. Son muchos los que están advirtiendo de una involución machista: y ojo, porque no debemos dar ningún territorio por ya conquistado, especialmente cuando está en juego una clave tan delicada como la de la igualdad de la mujer, que es la verdadera prueba del algodón del desarrollo de una sociedad democrática, por mucho que a algunos personajes -por ponerme al nivel de su alto discurso intelectual- estos temas les toquen los cojones. Impresentable.

Brama la caverna

Bibiana Aído
Bibiana Aído

Escucho las tertulias nocturnas que perpetran algunos medios; cada uno tiene sus depravaciones y mortificaciones. Y oigo que brama la caverna contra la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, que este miércoles por la mañana, en unas jornadas del PSOE en el Senado sobre Universidad e Igualdad, apuntó la idea de que la tradición intelectual feminista pueda tener una mayor presencia en la formación universitaria, para reivindicar así un mayor protagonismo de los estudios de igualdad en las aulas; qué osadía más condenable. Es curioso que todas las iniciativas de este Ministerio reciban una descalificación inmediata y feroz por parte de la derecha sociológica (quizá pueda un@ consolarse con el cervantino ladran, luego cabalgamos). La ignorancia es muy atrevida, y cuando se reviste de la intolerancia derechista que exhiben algunos llega a ser un engrudo demasiado estomagante. Son los mismos que se olvidan de que no fue hasta hace sólo un siglo -marzo de 1910- cuando se autorizó el acceso sin restricciones de las españolas a la universidad; o sea, al conocimiento superior; ¿lo sabían? Es la misma caverna que, por cierto, no abre la boca -por citar otra cuestión de actualidad- ante las reiteradas y constantes denuncias de abusos sexuales a niños que se vienen sucediendo en estos días en instituciones religiosas. Esto último sí que es una vergüenza absoluta sin paliativos que merece una condena eterna por los siglos de los siglos amén. ¡Digan algo!