Rescate global

Minero rescatado
Minero rescatado

Nunca el remoto desierto de Atacama, desconocido sin duda para gran parte de la humanidad, estuvo tan próximo. La proeza del rescate de los 33 mineros chilenos atrapados en una mina que no cumplía los mínimos requisitos de seguridad se ha convertido en un espectáculo global, retransmitido al minuto y en directo por centenares de medios de comunicación de todo el orbe, convirtiéndose en un gran show que ha batido marcas de audiencia. El relato reunía componentes de dimensiones épicas para actuar como un imán que despertara el interés de todo el mundo en una sociedad global mediática, como así fue. Esta proeza será llevada al cine, sin duda (una radio acaba de decir que parece ser que le ofrecerán el papel de jefe de los mineros a Javier Bardem). El guión se lo ha escrito la vida, así que no tendrán que invertir mucho en escritores. Y una pregunta de cara al futuro: ¿habrá supuesto esta tragedia con final feliz un punto de inflexión en la percepción de la realidad? ¿Volverán a suscitar sucesos como este, ocurran donde ocurran, el interés de todo el mundo, o no tendrán la misma repercusión global? Quizá sí, siempre y cuando estén aliñados con las piezas con las que se monta un buen relato. Esto puede parecer cínico, pero en la era mediática global somos sobre todo devoradores de historias, algo que se aplica en todos los ámbitos (de la política a la publicidad), como puso de relieve el investigador social francés Christian Salmon en un reciente e interesante libro, Storytelling.

 

El encorvamiento

Planeta Tierra
Planeta Tierra

«Leí la otra noche en el periódico que la energía desencadenada por el último, terrible terremoto, de Chile, con una magnitud de casi nueve grados, había desplazado el eje de la Tierra alrededor de ocho centímetros e incluso acortado los días. A lo tonto, con la lectura de ese artículo me di cuenta de repente del motivo de este mi encorvamiento, ahora que llevo tantos años sobre este planeta. Desde que me nacieron, hace ya demasiados años, mi vida ha ido experimentando seísmos, cataclismos… hasta tsunamis, a lo largo de su devenir. Como resultado, el eje de mi humilde existencia humana ha ido desplazándose, escorándose, desde la alegría a la infelicidad, desde la plenitud a la pesadumbre, en una ciclotimia permanente. Sin necesidad de ir al médico, ahora lo entiendo todo. Así que golpe a golpe de la vida -y no verso a verso que cantaría Serrat inspirándose en Machado– mi ser se ha ido virando. Si sigo esta progresión degenerativa, llegará un día en el cual el eje de mi cuerpo habrá dado un giro de 180 grados; ya no le falta mucho. Culminado ese vuelco, ese punto de no retorno, andaré con la cabeza y pensaré con los pies. ¿O no lo estaré haciendo ya?»