Monocultivo en el kiosko

Adiós a Público
Adiós a Público

Terror en el supermercado: solo hay marcas blancas. No encuentro mis yogures favoritos, ni mis salchichas, ni mi pasta… Todo son marcas blancas, sin posibilidad de elegir. Terror en el kiosko: solo va a quedar la prensa neocon, cavernosa, cavernaria, derechista, que no es blanca precisamente, sino turbia y sucia en tantas ocasiones, sin posibilidad de elegir. El cierre del diario Público abona el monocultivo, agosta la pluralidad y priva de voces libres y críticas (o sea, de izquierda) a un sector de la opinión pública. Allana, de paso, el paseo triunfal de la derecha gobernante, a la que los kioskos solo le rinden pleitesía en un elevadísimo tanto por ciento de sus cabeceras. Lástima por Público y un abrazo muy fuerte a tod@s los compañer@s periodistas que lo han mantenido durante estos años. Y lástima por todos los ciudadan@s que se ven privados de un referente informativo. Es un gran día para toda esa caverna mediática que da palmas con las orejas cada vez que cierra una cabecera de la otra orilla, pero que no se equivoquen: la necesidad de que haya medios para las voces progresistas no va a desaparecer porque un periódico llegue al final de su travesía.

Esa mayoría

Debate
Debate

Las encuestas publicadas por los medios de comunicación dicen que la mayoría de los españoles cree que Mariano Rajoy ganó el debate con Alfredo Pérez Rubalcaba del pasado lunes por la noche. A esa mayoría, por tanto, no le inquietan la ambigüedad calculada, la falta de propuestas y de iniciativas del presidente del PP. A esa mayoría no le alarmó que el líder del PP echara una y otra vez balones fuera ante las reiteradas preguntas del candidato socialista sobre el futuro del Estado del Bienestar. A esa mayoría, por lo que se ve, no parece preocuparle lo que pueda ocurrir con las pensiones, con la sanidad, con la  educación. “Estos son mis principios; si no le gustan tengo otros”, decía Groucho Marx, y es la divisa que podría emplear Mariano Rajoy para esta campaña, en la que procura por todos los medios no dar un paso que movilice al electorado de izquierda y que le reste votos. Lo que sea con tal de llegar a La Moncloa a golpe de bostezos, sin que nadie conozca, aunque se intuyan, las auténticas propuestas de su programa en la sombra, y que él se negó a desvelar en el debate televisivo. Si esa mayoría se mantiene y el Advenimiento Marianil se produce (¡los votos no lo quieran!), las próximas comparecencias televisivas de Rajoy a partir del 20 de noviembre ya no serán tan ambiguas, y más de uno entre esa mayoría tendrá que plantearse para qué ha servido su voto.

La barra de pan

Panes
Panes

No puedo salir a la calle sin desayunar, porque siento que me falta algo. El desayuno es la comida más importante del día, así que no puedo entender a la gente que amanece, salta de la cama, da un trago de agua al grifo y sale a la calle a encarar la jornada, sin más ni más. Sí, yo no puedo salir a la calle sin haber escuchado antes en mi casa las radios, visto alguna tele y sin comprarme el periódico, mi periódico, de camino a la boca del Metro que me engulle día a día para llevarme al trabajo. Desde hace muchos años viene siendo así, en los diferentes lugares en los que he trabajado hasta el momento. Al menú matinal se une también desde hace menos tiempo el repaso a algún medio digital. Hace muchos años ya, sí: creo que desde que tengo 18 años compro a diario mi periódico (he dejado una pasta a la empresa editora si echo cuentas). Sin estos nutrientes informativos matinales no me oriento bien en el mundo. Ya dice mi mujer que en esta casa el periódico es como la barra de pan.

PD: A la barra de pan tradicional de Madrid se le llama pistola, una denominación que no se emplea en otras partes de España. El caso es que hay periódicos que escupen balas. Y empresas editoras-panificadoras que juegan con fuego.