Las golondrinas

Golondrina
Golondrina

«Tengo un comecome desde hace días, que me ronda la cabeza y me ha vuelto ahora que le acabo de coger a usted en el taxi, será porque, perdone, tiene usted cara de pájaro. ¿Dónde están las golondrinas? Las había a cientos en mi aldea, cuando venían a criar. Yo soy de un pueblo de Llanes, en Asturias, ¿sabe usted? Pero ya apenas las veo cuando voy de visita allá. Tampoco las veo en Madrid, en donde llevo cuarenta años trabajando en el taxis. Recuerdo que hacían nidos en los aleros, en cualquier recoveco. En mi pueblo decían que había que dejar los nidos de golondrina, que traía mala suerte destruir uno. Luego me vine a la ciudad, cagondiós, donde todo son hierros y aceros, y tampoco las veo. Tengo un comecome… En cuanto llegue a mi casa le voy a tocar el tema a mi mujer, que es cántabra, porque en su tierra también han desaparecido. Que llame a su hermana, que vive allí, y le pregunte qué ha pasado con las golondrinas. Bueno, con tanta conversación, ya hemos llegado a su destino.» Hasta la próxima, señor, le contesté, no sin antes preguntarle: «Por cierto, ¿qué cree usted que está pasando con los gorriones de la ciudad? Tampoco se ven tantos como antes».

Marijuana blues

Muddy Waters
Muddy Waters

«Tenía dose años la primera vez que probé la marihuana. Todavía vivía en mi país. Dormía en el mismo cuarto de mi hermano mayor, que en ese momento me había dejado solo porque se había ido a trabajar. En un cajón mi hermano guardaba un revólver y una caja de fósforos. Abrí el cajón. Vi la caja de fósforos. Dentro de la caja había un porro armado, a medio consumir. Pensé: «Tabaco no debe de ser, porque mi hermano lo habría botado por la ventana». Así que me entró la curiosidad. Desarmé el porro y volví a liar lo de dentro con un trozo de papel de periódico. Lo prendí y me lo fumé. Se botó una gran humareda, con todo el humo flotando por la habitación. Estuve un ratito así, con el humo flotando. Hasta que abrí la ventana. Vivía en un… en un primer piso, sí. El humo salió por la ventana y escuché a la vecina de arriba decirle a su marido: «Visente, aquí huele a marihuana». Yo mientras me eché en la cama, mareado, con un gran dolor de cabeza y me dormí, pero antes de dormirme pude escuchar que el vecino de arriba tocó el timbre y estuvo hablando con mi papá. Cuando me volví a despertar, mi hermano había llegado ya a casa. Era por la tarde. Mi papá le estaba echando una bronca: «No vuelvas a fumar delante de tu hermano pequeño». Yo no dije nada de lo que en realidad había ocurrido. Mi hermano siempre ha ciudado de mí.»

La escarcha

23-F, por Mortadelo
23-F, por Mortadelo

«Recuerdo que aquel día, hace casi treinta años, había amanecido con una fuerte escarcha sobre mi pequeño huerto de rábanos, que me solía comer crudos porque dicen que limpian la sangre. Esto de las propiedades depurativas del rábano lo decía mucho la radio, y yo hago mucho caso de lo que dice la radio. Era entonces alcalde de mi pueblo, un pequeño pueblo de Aragón con un alcalde socialista. Hace más de treinta años. La radio informó a media tarde de un incidente que había ocurrido en el Congreso, en Madrid: un grupo de guardias civiles comandados por un teniente coronel había asaltado la cámara. Yo me temí lo peor. Así que cogí la escopeta y me dirigí a varios militantes socialistas en nuestro bar, el bar de los rojos. Les solté una arenga con mi escopeta al lado. Y luego me encaminé al casino, al bar de los fachas. Les hablé clarito a los fachas, con mi escopeta al lado: «Aquí nadie nos va a convertir en simiente de rábano antes de tiempo. Conozco tu cara y lo que piensas, y la tuya, y la tuya… Así que me voy a ir con mis concejales y nos vamos a pasar la noche en el Ayuntamiento, y si alguno de vosotros se acerca a menos de cincuenta metros con malas intenciones, le pego un tiro…»» Era el 23 de febrero de 1981, la tarde en la que unos facinerosos intentaron tumbar la entonces frágil democracia española. Pero a la mañana siguiente no escarchó y el alcalde labrador pudo ir a recoger los rabanitos para hacerse una ensalada que le supo a mieles… y a libertad.