Dormidin@s

Vieja radio
Vieja radio

«Doctora, doctora, esta mañana he escuchado en la radio un anuncio muy raro. En principio pensé que había escuchado mal, y también atribuí mi percepción primera a la emoción que me embarga por la celebración hoy de la boda ducal. Pero no. Lo había escuchado bien. Resulta que en la radio anuncian un producto para dormir bien, que se llama Dormidina o algo así, y en el anuncio meten la voz de alguien que lo toma para poder descansar porque lo pasa muy mal con la presión que tiene que afrontar cuando aborda «recortes de personal» (sic). Me ha dado un escalofrío escuchar esto el mismo día que se han conocido los últimos datos de paro. Y me ha dado un escalofrío aun mayor cuando pienso en todas las víctimas de los recortes, los ajustes o como quiera usted llamarlos, doctora. Vivimos en una situación en la que algunos no tienen ni un céntimo para comprar dormidina y poder descansar, porque viven en una pesadilla permanente. Y otr@s, tan panchos, roncando, tomando dormidina o sin tomarla, que ni siquiera el ruido permanente de la motosierra y las tijeras de podar les quita el sueño.»

La filtración

Melocotón de Calanda
¡Ñam, ñam!

«Coincide el arranque del curso, doctora, con la novedad esta de la reforma constitucional. Quién dijo que el regreso del verano es tedioso. Septiembre es un tiempo de cambios, este año con el añadido de las elecciones generales a la vuelta de la esquina. Habrá más cambios en el espacio público. Llega el tiempo de las uvas, los últimos días los higos, los primeros y últimos melocotones de Calanda, tan efímeros. El adiós a la piscina de verano (toca la cubierta), el hasta pronto a las sopas frías y la lenta vuelta de los platos de cuchara a los fogones. Pronto perderán color los puestos del mercado con las frutas y verduras de otoño. Un poco más allá aterrizarán los sabrosos tomates de invierno, tan deliciosos. Los quioscos que se llenan de fascículos de cosas que nunca aprenderé. Recordar dónde dejé los paraguas, con esa dichosa naturaleza suya tan proclive a perderse, a desaparecer: tienen algo humano. Y más cambios en el espacio privado. Las mangas que se irán alargando. La ropa de verano que buscará cobijo en el armario, en el hueco que dejará de ocupar la de otoñoinvierno. Las capas de ropa que irán cubriendo la piel. El adiós a la luz de verano. El deseo de que la luz no se vaya del todo, que no se llene todo de nubarrones. La manta del sofá. La música sonando mientras afuera llueve en un día de invierno que también llegará y en el que solo apetecerá estar quietito bajo la manta, quizá leyéndole un cuento a la niña. Justo a finales de agosto me dijo mi dentista que un empaste se me está averiando; que tengo una filtración en él. ¿Sabe usted, doctora, si los dentistas entienden también de goteras en la cabeza, o lo mío es solo melancolía?»

Ganas de pecar

JMJ
JMJ

«Con la caló sofocante y esta explosión de beatería en el foro, me han entrado unas ganas locas de pecar, doctora. Mi cuerpo pide guerra. Me acerqué a la farmacia del Atanasio, el que tantas veces me denegó látex cuando yo era más joven. Qué demonio. Estos días el Atanasio ha puesto unos grandes mostradores con todo tipo de productos preserváticos aprovechando el tirón de la JMJ, pero, vaya por Dios, se le han agotado todas provisiones. Su mujer andaba loca haciendo llamadas a Durex para conseguir cajas de donde sea. A la salida de casa de camino a su consulta escupí en la calle, meé contra un árbol, robé unas peras de un AhorraMas y me fui sin pagar el café con porras de un bar. Deseé a la vecina del quinto, envidié al tontaina del primero que tiene un megacarro, maldije a todos los que son más altos y más listos que yo … Nada que no forme parte del ADN del ser humano desde el origen de los tiempos y del invento de los dioses. Me iba a meter para el cuerpo unos gintonics, pero he decidido invertir ese dinero en ayuda para Somalia. He entrado en la web de El Corte Inglés, que se está haciendo de oro vendiendo merchandising de la Jornada Mundial de la Juventud [Católica], porque estaba convencido de que había un enlace para donar para el Cuerno de África, pero no lo hay, vaya por Dios. Me consolé luego viendo en uno de los restaurantes favoritos de mi barrio a un numeroso grupo de peregrinas católicas guiris trasegando sin parar jarras de sangría con cargo a los vales de manutención que les dan en su kit mochilero: debían de estar buscando al dios entre los vapores del vino. Bueno, qué más da, los de esas muchachas y los míos son pecadillos veniales al lado de los que cometen otr@s. Ahora me he tranquilizado porque me he dado una ducha fría y he reposado la cabeza antes de venir a su consulta. Pero lo que más me inquieta de todo esto, doctora, es que esta masiva presencia católica y catódica no sea el prólogo de otro advenimiento popular marianil que, ay, Dios no quiera. No perdamos la fe.»