Somatizando

Pop Party
Pop Party

«Doctora, tiendo a somatizar los males, a transformar problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria. Hace muchos años regenté durante un tiempo una panadería y me venía muy bien el negocio aquel para evitarme males mayores, porque, cuando tenía grandes comecomes, me ponía a hacer unos panes, mezclaba harina, agua, levadura y mis penas, encendía el horno… y las preocupaciones volaban lejos en forma de olorosas y apetitosas volutas de humo panificado, para reposo de mis carnes. Lo que ocurría, doctora, es que la clientela acababa un poco desnortada cuando comía mi pan y el negocio quebró. Desde entonces tengo que volver a engullir yo mismo las desazones y los males, sin horno que me alivie. Así que tiendo a somatizar en mi cuerpo. Le pongo un ejemplo, doctora: creo que siempre meto la pata últimamente porque estoy predestinado a ello, y me he levantado con sendas torceduras reales en los pies, primero en uno y luego en otro. Ahora ando inquieto porque he amanecido por todo el cuerpo, pero por todo el cuerpo, con unas grandísimas magulladoras de color azul. Esto último no sé si será algo permanente, o pasajero, aunque no tiene pinta de que ese color vaya a desaparecer en un tiempo. Aunque para mi consuelo me repito que siempre después de una marea azul acabará llegando otra roja y mi piel recobrará su tono habitual, seguro que sí, doctora.»

Chismorreo universal

Red
Red

«Verá, doctora, pero es que tengo mucha preocupación por el futuro de un ente llamado opinión pública. La opinión pública la conformaban antes los medios de comunicación que se regían por unas mínimas reglas (con desigual respeto, todo hay que decirlo). Este negociado ha dado un vuelco desde anteayer con la invención de las redes sociales. Ahora cualquier persona emite, genera y produce un mensaje, y cualquier cosa se puede divulgar como la yesca y prender como una llama en un prado reseco de agosto. Yo hice una prueba el otro día: difundí un bulo en una de las redes más populares, y al instante el bulo comenzó a crecer como una bola de nieve. Una conversación de bar, una ocurrencia, puede entronizarse ahora como trending topic y dominar el escenario.El riesgo es que, con esta facilidad, la conversación global se puede convertir, ¡ay!, en pasto de gentes hábiles y/o manipuladoras que manejen a otras gentes, ¡ay!, manipulables. Creo en las nuevas tecnologías, pero me preocupa que, en este campo que nos ocupa, una opinión pública seria, fundamentada y rigurosa se pueda ver sustituida por el chismorreo universal sin contrastes ni matices.»

Legión desesperada

Sin empleo
Sin empleo

«Me cruzo por la calle, doctora, con gentes en mi misma situación. Entre nosotros nos reconocemos a simple vista. Gentes que salimos de casa por la mañana fingiendo que tenemos que cumplir una rutina, a la misma hora, sin el destino que solíamos tener hasta hace pocas semanas en muchos casos. Miradas furtivas entre los estantes del supermercado si ves a algún conocido. Gestos huidizos cuando coincides con un vecino, a una hora laboral, en el parque, leyendo y releyendo las páginas de empleo. Las mentiras que les sueltas a los hijos si te preguntan cómo fue hoy el trabajo, papi. El trabajo que perdí sin saber por qué, el trabajo del que me dieron la patada sin apenas explicaciones, por culpa de una maldita crisis que habla en el inglés global y que yo no entiendo por más que me lo expliquen. Lo único que entiendo, doctora, es que me quedé sin trabajo; que formo parte de una legión desesperada, y que quiero que usted me ayude para ver cómo le puedo explicar esto a mis hijos sin trasladarles mi angustia.»