Horror vacui

Aceitunas rellenas
Aceitunas rellenas

Conocida es la tendencia humana a rellenarlo todo. Un estante en un hogar no es tal si no está lleno de cosas hasta reventar. Cuanto mayor es el bolso, más objetos le metemos dentro. Buscamos coches grandes con grandes maleteros para coparlos por completo de cacharros inservibles. Llenamos nuestros bolsillos de chorradas. Necesitamos trasteros para desprendernos de todas las absurdancias que acumulamos y apenas hemos usado un par de veces. Las aceitunas sin hueso vivían felices hasta que a alguien se les ocurrió rellenarlas de pseudoanchoas, o de pimiento. El afán de que no quede un hueco libre llegó también al arte, con manifestaciones artísticas que no dejan un solo milímetro sin decorar siguiendo las directrices de un estilo que recibe un nombre en latín: horror vacui. Ha habido mucho de horror vacuii en esta crisis que comenzó en 2008. Nuestra sociedad se rellenó hasta los topes de euros estos años de atrás, librados por bancos y banqueros sin escrúpulos que lo inundaron todo de créditos a mansalva. Una inundación de dinero fácil que se volatilizó como el agua, dejándonos desnudos y solos ante el miedo al vacío de esta crisis global.

Las quitas

Olas
Olas

Las ilusiones forman granden olas sobre el mar de las vidas, que uno contempla calladamente en la distancia, primero con esperanza ante lo que pueda venir; luego con espanto. Rompen en espumas que dejan cuerpos y objetos diversos en la orilla. Cuando baja la marea también se ve la suciedad que arrastra la existencia: maderos rotos de barcos, plásticos con extrañas inscripciones procedentes de otras latitudes, a veces incluso cadáveres, tan frecuentes en esta crisis que ya no llaman la atención. La existencia oscila, ciclotímica, entre las pleamares y las bajamares, mientras las ilusiones se van, por momentos, desvaneciendo. Los líderes europeos acaban de decretar una quita, una rebaja, en la deuda griega, para que el torbellino heleno no engulla a toda la Unión. Pero las quitas de las ilusiones que vamos todos sufriendo en esta crisis global interminable llevan mucho tiempo decretándose, y no parecen tener fin. Al contrario, tienen pinta de ir formando un cada vez más gigantesco tsunami sobre nuestras existencias.

Dormidin@s

Vieja radio
Vieja radio

«Doctora, doctora, esta mañana he escuchado en la radio un anuncio muy raro. En principio pensé que había escuchado mal, y también atribuí mi percepción primera a la emoción que me embarga por la celebración hoy de la boda ducal. Pero no. Lo había escuchado bien. Resulta que en la radio anuncian un producto para dormir bien, que se llama Dormidina o algo así, y en el anuncio meten la voz de alguien que lo toma para poder descansar porque lo pasa muy mal con la presión que tiene que afrontar cuando aborda «recortes de personal» (sic). Me ha dado un escalofrío escuchar esto el mismo día que se han conocido los últimos datos de paro. Y me ha dado un escalofrío aun mayor cuando pienso en todas las víctimas de los recortes, los ajustes o como quiera usted llamarlos, doctora. Vivimos en una situación en la que algunos no tienen ni un céntimo para comprar dormidina y poder descansar, porque viven en una pesadilla permanente. Y otr@s, tan panchos, roncando, tomando dormidina o sin tomarla, que ni siquiera el ruido permanente de la motosierra y las tijeras de podar les quita el sueño.»